jueves, 29 de marzo de 2012

La leyenda insumergible. (F: JACINTO ANTÓN).



PARTE I


Con todas las luces encendidas, a toda máquina hacia el desastre, mientras sonaba la música. Aquella noche inolvidable, el destino escribió en los altos costados de metal del barco la palabra condenación con dedos de hielo. El mundo ya no volvería a ser el mismo, ni la humanidad a confiar tan ciegamente en su orgullo. Hace un siglo que se hundió el Titanic, llevándose al húmedo abismo a la mayor parte de la tripulación y el pasaje, dejándonos mudos de asombro y ateridos de miedo. Era el Titanic la mayor construcción móvil que había creado el hombre, un coloso de la técnica forrado de altiva belleza y lujo, la apoteosis de la vanidad.

Fue proclamado insumergible sin recordar que ni Odiseo pudo retar impunemente a Poseidón, así que ni te digo los astilleros de Belfast y un capitán amable pero sin carisma. Cuando el seno de las aguas se abrió para tragarse al barco como la ballena a Jonás, la succión levantó una ola que no ha dejado de lamer nuestras conciencias incesante e insidiosamente durante cien años. Ese drama marino se llevó un transatlántico y nos dejó un nombre para adjetivar la catástrofe. No queda ya nadie que viviera aquella noche terrible (la última superviviente, Millvina Dean, que tenía entonces 10 semanas, falleció en 2009), pero si cerramos los ojos, todos notamos la cubierta ceder bajo nuestros pies, la muerte subir a buscarnos y el aire helado llenarse de las voces aullantes de los moribundos y el lánguido chapoteo de los ahogados.


Titanic.elpaisEl Titanic es una de las grandes metáforas de nuestro tiempo y de nuestras vidas, con la salvedad de que del último naufragio, el que nos llega inexorablemente a cada uno, no suele haber supervivientes.


“La grandeza del barco, su opulencia y su tragedia”, eso recordamos del Titanic, reflexiona Robert Ballard, el hombre que levantó el acuático sudario de sombras y encontró el buque allá abajo, a casi 4.000 metros de profundidad, en 1985, renovando el interés sobre su singladura y su hundimiento. “El drama, el tempo con el que sucedió, que parece marcado para aumentar el suspense, los errores, las historias personales de cada uno de los viajeros, los y si…, todo eso nos fascina generación tras generación”.


“Desde 1912 han ocurrido muchas cosas peores en términos de pérdida de vidas humanas”, medita otro de los grandes nombres en la historia reciente del Titanic, James Cameron, que nos lo devolvió envuelto en celuloide y con una pareja de enamorados adornando su proa legendaria. “Ha habido dos guerras mundiales, genocidio, el uso de armas atómicas contra blancos humanos. Pero hay algo especial que perdura de la historia del Titanic. Creo que porque es como la novela perfecta, una novela que sucedió realmente. Había arrogancia en esa gente que pensaban que podían hacer que un barco con más de 2.000 personas a bordo fuera a toda velocidad a través de una zona desconocida de icebergs pese a las advertencias. Pensaban: ‘No nos puede pasar a nosotros. Somos demasiado grandes para caer’. ¿Cuándo hemos oído eso antes? Hay muchos paralelos con nuestra existencia de hoy día en esa historia”.


Titanic.nordicCameron, que vuelve este abril del centenario con su filme Titanic (1997) remasterizado en 3D y como protagonista de un documental de National Geographic Channel sobre el barco, recuerda que la del Titanic es una historia con héroes y cobardes, ricos y pobres, supervivientes y víctimas, decisiones correctas y equivocadas. Resulta fascinante asomarse a las cubiertas del barco y revivir todo ese microcosmos que, como el agua que lo rodea, nos devuelve una mirada morbosamente especular sobre nosotros mismos. ¿Qué papel tendríamos a bordo en la gran función de aquella noche? ¿Qué cartas nos repartiría el destino y cómo las hubiéramos jugado?
El Titanic zarpó de Southampton (Reino Unido) hacia Nueva York el 10 de abril de 1912. Era el viaje inaugural y a bordo se acomodaban algunos de los miembros más distinguidos de la alta sociedad de la época. A la altura de Terranova, en pleno Atlántico, el 14 de abril, a las 23.40, en medio de una calma absoluta y una noche espectacularmente estrellada, chocó por el costado de estribor con un iceberg que no fue avistado a tiempo para eludirlo del todo. Dos horas y cuarenta minutos después, ya iniciado el día 15, el barco se hundió, tras irse sumergiendo poco a poco, de manera inexorable. La noticia provocó un efecto similar al del 11-S. Había sucedido lo impensable. El desastre escapaba a todo lo imaginable. Las torres no podían caer, ni el Titanic hundirse.


La cifra de pasajeros y supervivientes varía algo según las fuentes. Una de las cuentas más aceptadas contabiliza un total de 2.228 personas a bordo (lejos de la capacidad del buque, de 3.547), 1.343 pasajeros y 885 tripulantes. Murieron 1.523 personas. Se salvaron 705; de ellas, solo 210 miembros de la tripulación, lo que indica que esta fue abnegada (y anegada). La mortandad más alta tuvo lugar –como era previsible, sobre todo si uno ha visto la película de Cameron– entre los pasajeros de tercera clase (75% de bajas). En primera clase se salvaron el 60% de los viajeros, aunque solo el 31% de los hombres (el 94% de las mujeres y niños). En tercera clase, el porcentaje de salvados desciende al 25% (el 14% de los hombres y el 57% de las mujeres y niños). Ser hombre y viajar en tercera era, con los datos en la mano, una pésima opción.


No se puede negar que en líneas generales hubo caballerosidad a bordo: en total se salvaron el 74,35% de las mujeres y solo el 20,27% de los hombres. Una visión menos heroica sugiere que muchos hombres Titanic_02no acabaron de creerse que el barco terminaría hundiéndose y prefirieron enviar a sus mujeres a dar una incómoda vuelta por el mar mientras ellos esperaban a ver qué pasaba, actitud muy masculina. Y eso que no daban fútbol. El tema de las mujeres primero no dejó de preocupar al incipiente movimiento feminista: si se defendía la igualdad en tierra, ¿ no debía ser lo mismo en el mar? ¿El lema Voto para la mujer se iba a cambiar por Bote para la mujer?


Hubo muchas actitudes que, más que valerosas, fueron frívolas, por no decir directamente gilipollas. El millonario canadiense John Hugo Ross, informado del percance en su camarote, pronunció una de las frases de la noche: “Hace falta más que un iceberg para que yo me levante de la cama”. Murió ahogado. A Ben Guggenheim, en traje de etiqueta en la cubierta ladeada, se le acredita haber dicho: “Estamos listos para morir como caballeros”. Be British.


A la vista de cuánta gente se ahogó por no disponer de bote, entre ellos 53 de los 76 niños que viajaban en tercera clase, resulta escandaloso que muchos se llenaran solo a medias o que se salvaran en ellos, según algunos testimonios, hasta tres perros (un pequinés y dos pomeranias), mascotas todos de pasajeros de primera.


El Titanic se partió en dos con un ruido estremecedor antes de hundirse. El hallazgo del buque en el fondo del mar ha confirmado esa fractura. En ese abismo oscuro, adonde no llega ni la música de Celine Dion, el buque lleva una segunda vida peinado de algas, desolación y derrota, pese a los 11 oscars. En ese templo de las anémonas y los sueños perdidos descansan historias no contadas, misterios y seguramente algunos tesoros, no el menor un manuscrito de Conrad. “Descubrir el Titanic fue muy emocionante”, recuerda Ballard, TITANIC.gouacheque ya no tiene empacho en reconocer que la búsqueda del buque sirvió de tapadera para localizar dos submarinos nucleares de EE UU hundidos. “Pero haciéndolo abrimos una caja de Pandora”. Los restos atraen curiosos, cazatesoros y turistas con posibles. Ballard y su equipo, conscientes de estar ante el testimonio de una tragedia, decidieron no tocarlos, pero otros sí lo han hecho: la memorabilia del naufragio es un buen negocio.


La empresa RMS Titanic Inc ha realizado varias expediciones y extraído miles de objetos e incluso un impresionante trozo de casco de varias toneladas, material con el que nutre sus exposiciones internacionales. Millones de personas han visitado esas exhibiciones, lo que también, reconozcámoslo, es una vía para recordar a la gente la historia del Titanic y su legado. Para Ballard, sin embargo, el pecio del Titanic es un cementerio que “no debe ser desacralizado” y un museo que debería protegerse. “El Titanic es un museo con la puerta abierta y sin vigilante, cualquiera con los medios técnicos precisos puede llegar hasta él y llevarse trozos y objetos. Es imprescindible protegerlo”.


En las subastas internacionales y en el mercado negro, cualquier cosa que provenga del Titanic alcanza precios elevados. Recientemente se pagaron 50.000 libras por un juego de llaves de los lavabos de caballeros de primera clase. Ballard denuncia la desaparición de piezas tan emblemáticas como la cofa desde la que los vigías (no) vieron el iceberg asesino y que sin duda estaba antes. “Y se observan cambios dramáticos; por ejemplo, la superficie de cubierta en la que aparcan los minisubmarinos de las visitas turísticas ha adquirido una tonalidad anaranjada, prueba de una superficie recién expuesta”.


En las profundidades se pueden ver cubiertos, platos, maletas, salvavidas (!), botellas, retretes, lámparas, alguna estatuilla y hasta zapatos. Restos humanos no. Ballard explica que todo se ha deshecho, huesos incluidos, aunque han encontrado algunas oquedades en el sedimento que parecen marcar dónde hubo cuerpos (entre otras cosas, porque al final están los zapatos). No se descarta que, cuando se investiguen zonas del barco inexploradas hasta ahora, puedan aparecer otros restos, y la microtecnología puede localizar en plan CSI fragmentos humanos muy pequeños. En todo caso, Ballard y muchos descendientes de viajeros del Titanic consideran el barco y sus alrededores un memorial, terreno sagrado que hay que dejar en paz. “Ahí abajo no hay solo artefactos, sino personas”.

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