viernes, 2 de marzo de 2012

Freud también fue cocinero. (F: James Hillman y Charles Boer).

 
 
Del célebre neurólogo austriaco, Sigmund Freud, creador del psicoanálisis y una de las mayores figuras intelectuales e influyentes del s. XX, se habla mucho pero poco se conoce de su gran afición, la gastronomía; de hecho se jactaba de ser un fervoroso cocinero aficionado, no sólo pasó muchas horas tras el diván sino también otras tantas en los fogones. Estaba interesado en ella y la abordó desde la neurología, hito que dejó en numerosos documentos recogidos en un libro de reciente aparición en España, Las recetas del Dr. Sigmund Freud, compiladas por James Hillman y Charles Boer.
 
Estos sabuesos de las letras, con la ironía de los británicos, expresaron en 1985, cuando sacaron a la luz Freud’s Own Cookbook, su agradecimiento a los Archivos de Sigmund Freud por no haber considerado el manuscrito suficientemente importante para guardarlo bajo llave. Lo que evidencia una falta de sensibilidad entre ciertos intelectuales por asuntos relacionados con la gastronomía (Historia de la cocina, de los alimentos, Antropología alimentaria, ensayos sobre el gusto …), y más sorprendente aún, que ocurriese en un país que ama la cultura, y tanto hace por la muy rentable música. Y no deja de ser curioso que Freud empleara una ortografía irregular, Hillman y Boer han mantenido las voces en alemán para platos como Sulz, Bauernschiken, Stollen, etc., a pesar de que a menudo utiliza el vienés, el moravo, el yiddish e incluso el dialecto húngaro en lugar del idioma alemán oficial y literario, así que ambos autores están preparando un estudio sobre esas discrepancias y de los graves equívocos que han causado en la divulgación del pensamiento de Freud en lengua inglesa. "Se lo tendría que hacer ver", le diríamos hoy al célebre doctor.
 
En la reveladora Introducción Freud comienza: "¡Alegría! ¡Placer! ¡Deleite! Que atractivas palabras para la humanidad. Es de conocimiento público que antes de comienzos de siglo, cuando apenas había cumplido 40 años, ya había abandonado el placer sexual", y continúa que los siguientes 40 años los llevó con alegría, placer y deleite gracias a la gastronomía. Así que ahora me he dado cuenta de por qué mi llorado amigo, Xavier Domingo, intituló uno de sus libros 'Cuando sólo nos queda la comida'. Presentamás de cien recetas cada una precedida de una narración acerca de un paciente y sus relaciones con él, de las que saca conclusiones médicas inteligibles para un profano. Por ejemplo, está el caso del Pot-au-feu Padre-Gross con salsa Bismac. El Pot-au-feu es, dijéramos, la versión francesa de la Olla o Puchero y el tal Otto Gross fue un psicópata adicto al opio aunque su verdadero problema era la paranoia de cocaína tóxica, que estudió y sacó curiosas reflexiones. Cuenta también en ese capítulo (todos son interesantes por sus anécdotas y reflexiones) que "Otto era vegetariano, lo que proviene de su gusto promatriarcal; el desprecio por el padre suele estar detrás de esta aberración". No es fácil.

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