martes, 27 de marzo de 2012

ASÍ EN LA TIERRA COMO EN EL MAR (F: El gourmet.com)

Paseando por los muros.

Las murallas que rodean a la ciudad pertenecen a una época distinta; quienes querían entrar no eran bien recibidos. Por muchos años el prospero puerto fue asediado por piratas. Francis Drake, Laurens de Graaf, Henry Morgan y Roche Brasiliano fueron sólo algunos de los lamentablemente célebres filibusteros que atracaron navíos y al propio puerto, obligando la construcción de una un muro defensivo a finales del siglo XVII. Desde entonces la ciudad luce protegida y hoy se conserva como uno de los ejemplos de arquitectura marcial más notables de América.


Cuando te aproximas al centro histórico, es inevitable imaginar los días en que la corona española reinaba sobre la ciudad. En la actualidad es posible visitar tanto la muralla como los bastiones o baluartes que delimitaban cada uno de los seis flancos de la enorme fortificación. Caminar por la parte alta de los muros permite ver panorámicas del mar y esplendidas vistas de intramuros.

Después de conocer algunas de las partes mejor conservadas y representativas de la muralla, como la Puerta de Tierra y la Puerta de Mar, se recomienda recorrer el centro histórico a pie. Hay que tener una cámara en mano, pues las calles, y sobre todo las fachadas de los edificios centenarios, sorprenden con sus múltiples colores.


Las cuadras que rodean al Parque de la Independencia o Plaza principal, forman parte del conjunto monumental designado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. En esta zona de encuentran un buen número de casonas y palacetes que llaman la atención por su innegable influencia española, pero siempre con rasgos distintivos de la mano de obra indígena y los materiales de la Península de Yucatán.

La gente que recorre estas apacibles calles y plazas céntricas suele ser muy amable, y no es extraño ver a hombres y, sobre todo mujeres, que visten a la usanza tradicional mestiza. Por las tardes, cuando el calor y la humedad de la capital costera apremian, se pueden visitar algunos de los museos de la ciudad. Dos de ellos muestran las facetas más importantes de la historia regional. El primero, el Museo de la ciudad, ubicado en el Baluarte de San Carlos, tiene una importante colección de objetos mayas y algunos más del periodo virreinal, que junto con algunas maquetas que representan distintas etapas del desarrollo de Campeche, son la mejor forma de entender los orígenes de este enclave del sureste mexicano.


Otra visita interesante es la del Centro Cultural Casa 6, que muestra la vida al interior de un hogar campechano de la clase alta en el siglo XIX. Igual a esta última existen algunas mansiones, como la Carvajal y la Casa del teniente del rey, que son ejemplos perfectos de la arquitectura campechana, y están protegidas por la declaración de UNESCO.


El centro

Fuera del centro, pero sólo a unos minutos, se encuentra el Fuerte de San Miguel, en el cual, aparte de la arquitectura militar, se alberga el Museo Arqueológico. Las máscaras de jade, las piezas de cerámica y otros objetos decorativos hallados en las ciudades mayas de la región, lo convierten en una visita fundamental.


Campeche tiene una de las gastronomías más ricas del país. Aunque el adjetivo se puede aplicar a diestra y siniestra en buena parte de México, en ningún otro sitio puede ser más justo que en este caso. A pesar de los siglos de evolución, las razones para tener la más nutrida de las cocinas, son pocas y sencillas. A todos los ingredientes utilizados en la cocina maya se sumaron los cientos de productos que, una vez consolidada la conquista militar de la Nueva España, fueron llegando, no solamente de Europa, sino de todas las posiciones del imperio ibérico, tanto en el Caribe como en África. Campeche, como algunas ciudades del golfo, ya sea Veracruz, Tampico o Nueva Orleans, recibió las mejores condiciones para desarrollar una de las cocinas más complejas de todo el continente.


Al ser puerto comercial, contar con la bonanza de un mar abundante y un territorio repleto de fauna y flora como el de la Península de Yucatán, la campechana es una cocina con gran riqueza; un arte culinario resultado de los mejores frutos del mar y la tierra. Es una gastronomía que nació con ascendencia maya, española, francesa, cubana, antillana y por ende africana. Cualquiera que quiera desarrollar su sentido del gusto al máximo debe anotar el nombre de esta ciudad en su lista de visitas inmediatas.


Una colorida central de abastos

Una de las visitas más placenteras para cualquiera que se complazca con la buena comida, es la del mercado Sainz de Baranda. Todos los productos llegados del mar y de la generosa tierra peninsular se dan cita aquí. Los Cazones, las mantarrayas, los pámpanos, jaibas, camarones y pulpos, impresionan por su frescura y singular belleza. De la tierra llega la miel de abeja, los rábanos, la hoja santa, y el chile habanero. Las mujeres, de acentuado origen maya, ofrecen flores y frutas de colorido prodigioso. Aquí confluyen todos los ingredientes que enriquecen la gastronomía regional y se disipa cualquier duda acerca de lo ecléctico e inmensamente rico que resulta.



Además de las satisfacciones que ofrece visitar la capital, en los alrededores hay mucho que ver y gozar.
En los pueblos vecinos se pueden probar algunas de las especialidades más prestigiosas de la gastronomía campechana. En Pomuch, el pan dulce es una de las delicias por las que incluso los capitalinos se trasladan para poder conseguirlo. La panadería de La Huachita es famosa por sus tutis y sus camelias. Otras panaderías con buena fama son Los tres reyes y La conchita.


A pocos kilómetros de Pomuch se encuentra el pueblo de Hecelchakaán, que tiene la que muchos consideran como la mejor cochinita pibil de la península. Al llegar a este poblado, en la plaza principal, hay varios puestos de comida. Algunos son bicicletas que llagan a ofrecer sus productos y al llegar el medio día cierran las ventas.


De todos, el más buscado, aquel por el que vale la pena rentar un auto o tomar un autobús para venir desde Campeche o Mérida, es el del Amigo Calán; aquí, la cochinita con su cebolla morada y su habanero son el momento culminante de cualquier gourmand en esta zona de México.


Naturaleza campechana

Algunos de los atractivos por los que es imperdible una estancia de varios días en esta región, son las reservas naturales y las zonas mayas. Para utilizar como punto de partida, el visitante se puede hospedar en la ciudad de Campeche, en uno de los bellos hoteles como Puerta Campeche o la Hacienda Uayamon, al sur de la urbe.
Las zonas arqueológicas como Edzná, cerca de Campeche, o las de Bécan, Xpujil y Calakmul, a poco más de tres horas de la ciudad, son auténticos tesoros mayas de belleza extraordinaria.

Visitar Campeche es la oportunidad de conocer una de las regiones más interesantes del país. Su combinación de patrimonio prehispánico y virreinal, hace que este puerto sea uno de los destinos más ricos de México. Para la gente con buen apetito, con deseos de desarrollar el gusto y en general para cualquier viajero que busque horizontes distintos.

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