jueves, 10 de diciembre de 2015

Códigos de la lucha llanera (F: Por Daniel Téllez "Letras libres")

La lucha libre en México tiene varios niveles. Las arenas de provincia son el equivalente al futbol llanero en donde desde 1933, año de la aparición de la lucha libre en nuestro país, los  luchadores mexicanos se juegan la vida en cuadriláteros que no reúnen las características apropiadas para cumplir con un “brillante desempeño”, como exhortaba el empresario Carlos Maynez a los luchadores, antes de subir al ring del Toreo de Cuatro Caminos, en la década de los años noventa. Estas arenas (como la Afición de Pachuca; el Cortijo en la colonia Romero Rubio, cerca del aeropuerto capitalino; la San Juan Pantitlán; la Azteca Budokan y Arena Neza en Ciudad Nezahualcóyotl, la Apatlaco y el Pavillón Azteca, entre otras itinerantes en Monterrey, Toluca, Orizaba, Puebla o Mérida) no cuentan con lona profesional sobre el encordado y el entarimado del ring se recubre con las lonas empleadas en el transporte de carga . Esta improvisación alcanza también a los promotores, quienes para “calentar lona” programan funciones efímeras por las que desfilan gladiadores famosos, novatos, aficionados, amantes de la lucha libre y enmascarados desconocidos que dejan ver que el espectáculo del pancracio se desarrolla en circunstancias extraordinarias.
Figuras de la baraja luchística nacional como Santo, Blue Demon, el “Indio Grande” Ray Mendoza, El Solitario, Aníbal, Mil Máscaras o El “Murciélago” Velázquez, concluían sus combates, en las arenas de provincia, con la espalda lacerada. Entre gritos e insultos indistintos de adultos y niños, y proyectiles de comida y vasos de cerveza, a las arenas chicas se va a sudar sangre y adrenalina. Los usos y costumbres que imperan entre los aficionados no reconocen el fino arte del llaveo y contrallaveo a ras de lona –la estrategia precisa para quitarse una llave mediante otra que aniquile a la primera. En las arenas llaneras, el código exige vuelos, sillazos, tablazos y el uso de objetos punzocortantes que dan sentido a la conocida frase “queremos ver sangre”. Todavía hoy luchadores activos de la vieja guardia, formados en la lucha grecorromana y olímpica, comparten escenarios con gladiadores que no se dedican a la práctica profesional del pancracio pero que gozan de prestigio dentro de su localidad porque se desempeñan con eficiente nivel luchístico. Estos últimos se hablan de usted con los primeros aunque después de la batalla compartan el pan en la misma mesa.
Los luchadores improvisados solo existen sobre el cuadrilátero y no se sabe de ellos hasta la siguiente ocasión en que son contratados. Sobreviven gracias a que desarrollan múltiples tareas y porque antes de subir al cuadrilátero hacen pactos de acuerdo a la categoría y el sueldo recibido. Quienes participan en las luchas estelares o semifinales reciben el mayor pago. Los de la segunda lucha apenas alcanzan algunos cientos de pesos, mientras que los de las preeliminares no reciben pago alguno, subirse al cuadrilátero es la mejor retribución a su apasionamiento. En el caso de que alguno de estos gladiadores sangre, pierda la cabellera o le sea arrancada la máscara, previo arreglo con los “programadores”, el pago aumenta. En esta lógica luchística, entre  escribas y fariseos, el código indica que nadie debe ser lastimado en extremo, aunque siempre hay excepciones.
Es posible encontrar en las arenas chicas adalides de las malas artes, como el inolvidable “Cavernario” Galindo o introvertidos luchadores que a la hora de los costalazos se transforman en infalibles depredadores de sus rivales. O en la tradición de los luchadores viriles, comoel trío “Los Dinamita”, célebre en la última década del siglo pasado (Carmelo Reyes, Máscara Año Dos Mil y Universo 2000), autonombrados como “los verdaderos reyes de la lucha mexicana”. No faltan personajes excedidos de peso, vastos de vientre y también de afecto y de empatía, a la usanza del sensacional Tonina Jackson, Tamba o Súper Porky.
En toda arena de barrio hay un Gardenia Davis, pionero de los “exóticos” en la lucha libre mexicana. El modo de rizar la melena, perfumar la piel, desinfectar al adversario y declarar públicamente la guerra a los microbios y el amor a las orquídeas, además de contar con un ballet en el escenario, puso los ingredientes para un genuino montaje escénico que ensayaron otros exóticos como Adorable Rubí, Pimpinela Escarlata, My Flower´s, Ruddy Reyna, Casandro y, recientemente, Máximo. A ese ensayo del odio en el cuadrilátero, siempre responde a golpes, un tosco macho gladiador. La polémica que encendía el Charro Aguayo para aniquilar el andar de Gardenia Davis, mediante desplantes de hombre hecho un energúmeno, después la hicieron suya Sangre Chicana, Emilio Charles Jr., Satánico, Pierroth, entre otros. Comentario aparte merece la incursión femenina en las arenas llaneras. Es conocida la censura,  discriminación y animadversión de los varones luchadores porque, en un tiempo, las mujeres aparecían en el cuadrilátero con exceso de peso e imagen poco femenina. Aunque se tardaron en lograr reconocimiento, las mujeres hoy son legión en las arenas de lucha. Cabe recordar que durante muchos años la lucha femenil estuvo prohibida por disposición del entonces “regente de hierro”, Ernesto P. Uruchurtu, cuando el novelista Luis Spota presidía la Comisión de Box y Lucha del Distrito Federal.
En la memorabilia sobre las arenas llaneras aparecen cargadores, voceadores, locatarios de mercados y boleros, entre los tipos populares que dan vida al mosaico de luchadores improvisados: gordos, enanos, aprendices, damas y “exóticos”. El público se regodea del porte y físico del luchador, villano o héroe, desnudo de ropa, porque pone en entredicho las reglas del honor, como en la vida real, y el espectáculo incorpora al fanático como el director de escena que entre señas indecorosas y oraciones imperativas y malévolas construye un satisfactorio clímax colectivo. Con gran acierto, Salvador Novo se refería a este espectáculo como “las luchas libres”, porque cada función devela luchadores que son actores populares en más de un sentido teatral.

viernes, 24 de abril de 2015

¿Cómo organizar una cata de vinos en casa? (F: Cocinando.com)


Desde el ambiente, la iluminación de la sala, el mantel, las copas… Todo cuenta para organizar una cata de vinos en casa. Y sobre todo, los vinos. ¿Cómo escogerlos? ¿En qué orden debemos catarlos?   

¿Cuál es el mejor momento del día para organizar una cata en casa?

Los mejores momentos para organizar una cata en casa son antes de las comidas principales (almuerzo y cena).  De este modo, nuestros órganos están más receptivos y limpios de aromas y sabores de comidas anteriores.

Preparación del ambiente para una cata en casa
El espacio debe ser agradable, a unatemperatura entre 18 y 20ºC, para que nos sintamos cómodos y así estemos más receptivos.
Es importante que la sala esté bien iluminadapara poder apreciar las gamas cromáticas de los vinos. Lo ideal sería la luz natural o lo más parecido, pero si no es posible, se recomienda que la luz sea blanca, y nunca de fluorescente, pues este modifica las gamas de colores de los vinos.  Con el mismo objetivo de apreciar las variedades cromáticas del vino, es importante disponer sobre la mesa un mantel blanco.
Por otra parte, para apreciar los aromas de los vinos, la estancia debe estar bien ventilada,sin olores externos: tabaco, ambientadores, incienso, perfumes, etc.
Además, es necesario poner panecillos en la mesa, e incluso agua, para poder matar el sabor entre vino y vino a catar. Y de modo opcional, se puede poner un escupidero.

Las copas para la cata de vinos
Además de adecuar la forma de la copa según los vinos que se vayan a catar, lo ideal sería disponer de una copa para cada vino que se vaya a catar, para así poder compararlos mejor y observar su evolución a medida que se oxigenen en la botella.  
Es recomendable que el interior de las copas de cata no se lave con jabón para evitar los posibles restos a la hora de probar los vinos. Lo mejor es lavar la parte exterior y la que toca los labios.
A su vez, si las copas tienen algún olor residual (a cartón si han estado guardadas, a humedad, etc.), lo mejor es agitarlas mientras están vacías para tratar que desaparezcan.

Cómo elegir vinos para una cata en casa

Para organizar una cata en casa se podrían partir de unas cuatro botellas de vinos distintos, teniendo en cuenta que con cada botella se pueden llenar entre 6 y 8 copas (a la hora de la cata, llenar implica cubrir un tercio de cada copa).  La elección de los vinos dependerá de los gustos de los invitados, pero cabe tener en cuenta que existen dos tipos de catas básicas:
-Cata horizontal, realizada con vinos de una misma denominación de origen y una misma añada, para así poder conocer los vinos de una determinada zona vitivinícola.
-Cata vertical, realizada con vinos de una misma bodega, pero de diferentes añadas, para conocer así la evolución del productor.


El orden de cata de los vinos
La cata se empezará por los vinos más ligeros y suaves, los jóvenes, y se irá progresando según su complejidad  (crianzareservagran reserva), a la par que debe seguirse el orden de la añada. Lo recomendable sería no mezclar vinos, de manera que si se hace una cata de vinos tintos, se deja para otra sesión la cata de vinos blancos. Aun así, si se decide mezclar, cabe tener en cuenta:
-Los vinos espumosos como el cava se catan primero, excepto si son espumosos rosados, que se catan después de los blancos.
-Los vinos blancos se catan antes que los vinos rosados y que los vinos tintos.

Placeres en reposo (F: Letras libres)

La búsqueda de aventuras psíquicas y catarsis intensas es un ideal de vida irrenunciable para los jóvenes que no soportan la idea de integrarse al orden social. Todo límite en el alcohol o las drogas les resulta chocante, porque a su edad, la locura y el placer no se contraponen. Como es imposible o suicida mantener ese trote en la madurez, muchos partidarios de la desmesura hemos tenido que “sentar cabeza” por instinto de conservación. El primer descubrimiento amargo de un adulto parrandero es que, a partir de cierta edad, los placeres son excluyentes: no puedo ser buen amante si me emborracho tres veces a la semana, de modo que debo elegir entre el alcohol y el sexo. A partir de entonces, la supervivencia se vuelve una dolorosa cadena de renunciamientos, porque el abandono gradual de los vicios nos obliga a soportar una dosis de realidad cada vez mayor. Algunos experimentan esa enmienda forzada como una claudicación frente “al más humillante de los mitos higiénicos, principal avasallador de nuestra modernidad, el mito de la vejez sana y activa como fin supremo de la vida”, según lo definió Fernando Savater en El contenido de la felicidad. Pero incluso los que aborrecemos ese repugnante mito, debemos optar entre la detestable mesura o una decrepitud anticipada cuando la necesidad de evasión entra en conflicto con la resistencia física.
Savater no ridiculiza en su ensayo el estilo de vida epicúreo sino, más bien, la vulgata epicúrea difundida por los charlatanes que intentan negar el dolor y la muerte, pero quizá valga la pena contraponer sus ideas con los principios de esa filosofía. Compendiada en las Vidas de los filósofos ilustres de Diógenes Laercio, la doctrina de Epicuro es quizá la única defensa filosófica del cuerpo sano que no huele a sermón, y como tampoco limita los placeres carnales, probablemente sea el único ideal de vida que puede oponerse con éxito a la mística de la disipación. Satanizado en vida por algunos de sus contemporáneos, que lo tachaban de pornógrafo y borracho, Epicuro no creía que pudiera existir la felicidad sin placer “pues yo desde luego, no sé cómo imaginar el bien si suprimo los placeres de los sabores, si suprimo los del sexo, los de los sonidos y los de la forma bella”. Santo patrono de los sibaritas, Epicuro mereció también la condena unánime de la moral judeocristiana por haber elevado el placer al rango de las virtudes teologales.
Pero los placeres que Epicuro vindicaba no eran nocivos para la salud, ni para la vida comunitaria. “No es posible vivir placenteramente sin vivir sensata, honesta y justamente, ni vivir sensata, honesta y justamente sin vivir con placer.” Es decir que, para Epicuro, la insatisfacción de los deseos naturales era tan peligrosa como los vicios depredadores. En otras palabras, era un enemigo de la represión sexual y un partidario de “llevársela leve” en materia de euforia inducida, para no cruzar la frontera donde el placer se convierte en dolor. Panegirista de los “placeres en reposo” (la serenidad y el bienestar físico), advirtió que sin ellos nadie puede disfrutar tampoco de los placeres activos, es decir, las arrebatadoras alegrías del cuerpo y el alma. Madurar, según su doctrina, significa renunciar a los placeres superfluos para seguir gozando los esenciales, mantener en buen estado el cuerpo, no porque así lo mande el ser supremo, sino para prolongar nuestra vida pecadora. No pretendo restar validez a la opción, elogiada románticamente por Savater, de “quemarse las entrañas con ácidos, alcoholes y alcaloides buscando la definitiva desmesura”. Pero los que nos quedamos al filo del precipicio, ¿podemos rendirles homenaje a los que saltaron? ¿De verdad envidiamos su suerte desde nuestro cómodo apego a la vida?
El aparente desdén que los jóvenes profesan a la salud, a la luz de mi propia experiencia, es un efecto colateral de su propio vigor desbordado. Cuando el cuerpo está en su apogeo, cuando la fisiología funciona a la perfección, nos sentimos invulnerables y exploramos los laberintos del alma para reafirmar nuestra ilusión de inmortalidad. Bebemos o consumimos drogas para exacerbar una hiperestesia que nos parece ilimitada, no porque tengamos la intención de quemar la vida con rapidez. Todo joven siente, como López Velarde, que el cuerpo es “la nave de los hechizos”, pero el precio de querer prolongar una navegación turbulenta más allá de los treinta o cuarenta años es sacrificar los placeres en reposo, sin los cuales tampoco gozamos los paraísos artificiales. Un joven borracho, mariguano o adicto a las drogas duras puede coquetear con la locura sabiendo que después recuperará la serenidad, pero, a partir de la madurez, el alma ya no vuelve a ese puerto, y por lo tanto la travesía deja de ser grata. ¿Qué tanto podemos asomarnos a la locura sin arruinar el placer que nos proporciona? Epicuro no respondió a esa pregunta, pero nos previno contra el error juvenil de confundir la serenidad con el tedio. Los placeres en reposo son el caldo de cultivo de la ebullición creativa y quizá el reto de la edad madura sea encontrar en ellos la fuente de la embriaguez. ~

jueves, 23 de abril de 2015

La grenetina (Abril 2015) (Soy chef)

La grenetina
Los antiguos egipcios, entre muchas otras cosas, fueron de las primeras culturas en dejar rastro de aprovechar por completo lo que la naturaleza les daba. Un animal, no solamente les proveía alimento con su carne, sino que los investigadores egipcios se dedicaban a explorar cada parte del cuerpo y encontrarle algún provecho alimenticio o para la salud. Hace más de 3500 años, descubrieron que las pieles y los huesos de los animales desprendían cierta sustancia espesa cuando se cocinaba, con esto podían gelificar los líquidos. También existen registros del ejército de Napoleón, quien utilizaba la gelatina para alimentar a sus tropas por su contenido nutricional.
Por definición, la grenetina es un coloide obtenido al hervir los tejidos conectivos de los animales, en su estado puro es incolora, insípida e inodora. Nutricionalmente se han descubierto sus ventajas, ya que está constituida en un 95% de proteína, el 5% restante no es más que agua y es la forma más pura de colágeno; un compuesto imprescindible para el desarrollo de los huesos, cartílagos, cabello, uñas y piel en los humanos.
Para conocer este ingrediente, nos acercamos a Gelita, una empresa alemana que por más de 150 años se ha dedicado a la elaboración de la grenetina, con propósitos tanto alimenticios como cosméticos y es la principal productora de este ingrediente. También, esta empresa es la única que fabrica las láminas de grenetina que los cocineros alguna vez hemos utilizado por su practicidad y facilidad de mesura, en México, esta empresa tiene más de 45 años y son los proveedores de marcas líderes como Jello.
En realidad, la grenetina es colágeno sin hidratar y no era por casualidad que a todos nos alimentaban con gelatinas cuando éramos pequeños, es un alimento por excelencia y pertenece a casi todas las tradiciones culinarias del mundo, es por ello que en la gastronomía se han explorado sus aplicaciones desde tiempos remotos. Gelatinas, brillos, salsas, mousses, terrinas y un sinnúmero de aplicaciones en la cocina salada y en la repostería. El colágeno obtenido de la piel de los animales es también un compuesto básico para la industria farmacéutica y cosmética, y es el ingrediente principal que en Gelita utilizan para fabricar la grenetina en láminas y en polvo.
En esta fábrica utilizan únicamente la piel de la vaca y contrario a lo que muchas personas piensan, no se utilizan los huesos y los cartílagos, de alguna manera se está aprovechando al máximo lo que estos animales ya nos brindaron. Las pieles se analizan dentro de la fabrica para asegurar su calidad y grado alimenticio, posteriormente se cocinan en agua a temperaturas que oscilan entre los 60º y los 80º C, obteniendo en el líquido todo el colágeno. Este líquido es filtrado minuciosamente para separarle de cualquier elemento no deseado y se enfría. Luego, lo desecan a 50º C para después pasarlo por los molinos y convertirlo en polvo. Diariamente, en esta fabrica se empacan alrededor de 20 mil kilogramos de grenetina en polvo, lista para ser enviada a las empresas que la transforman en muchos productos alimenticios y cosméticos. 

Pérez-Reverte cuenta la historia de un libro que cambió el mundo (F: Guadalupe Loaeza)

Entre los 250 mil libros que se sostienen de pie uno al lado del otro en la biblioteca académica de la Real Academia Española, la Encyclopédie, ou dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métierspodría pasar inadvertida. Sus veintiocho tomos, forrados en piel ajada y restaurados el año pasado, no llamarían la atención si no fuera por un cartelito escrito a máquina y pegado sobre el estante de madera a la altura del primer volumen. Ruega que no vuelvan a sacarlo de su lugar ni a hojearlo. Que lo dejen en paz.
1426079092_003776_1426079781_sumario_normal
La culpa la tiene el español Arturo Pérez-Reverte. Su última novela,Hombres buenos -que el viernes presentará en Buenos Aires- recrea una road movie del siglo XVIII en la que dos miembros de la Real Academia Española –los ficticios Hermógenes Molina, el bibliotecario, y el brigadier Pedro Zárate y Queralt- tienen la noble misión de viajar de Madrid a París para traer aquella obra prohibida: los veintiocho tomos de la tan deseada como temida Encyclopédie de Diderot y D’Alambert que despertaba una peligrosa curiosidad fuera de los límites de Francia.
-¿Los libros pueden cambiar el mundo?
-La protagonista de esta novella, que es la Encyclopédie, cambió el mundo. De hecho, después de la Biblia es el libro más importante de la historia de la humanidad. A raíz de este libro el mundo nunca fue igual. Este libro desencadenó una serie de efectos buenos y malos, terribles en unos casos y maravillosos en otros. Europa cambió, Occidente cambió y el mundo cambió.
-¿Para qué le servía a la Real Academia del siglo XVIII contar con su ejemplar de la Enciclopedia?
-La novela cuenta la aventura de buscar el libro para también la de cambiar España. Es la historia de varios hombres buenos que intentan que ese libro cambie España y lo español: porque en ese momento también Argentina, Uruguay, México eran España. La aventura de conseguir ese libro es lo que motiva la novela. Un hecho real, porque la Real Academia trajo su Enciclopedia, prohibida entonces, para hacer un diccionario mejor, más culto, documentado y más eficaz.

En casi seiscientas páginas, Pérez-Reverte enhebra personajes reales e inventados en diálogos y situaciones de ficción para recrear la travesía y develar, en la voz de un narrador imaginado que por momentos se confunde con el Pérez-Reverte real, cómo escribió la novela. O la novela de cómo escribió la novela.

1426079092_003776_1426162591_noticia_normal
-Es la primera vez que confiesa cómo ha escrito un libro.

-No le he dicho nunca, es cierto. Ha sido la primera vez y quizá sea la última. No lo sé. Ha sido una mera herramienta narrativa. Una novela es un problema narrativo que un escritor tiene que resolver con eficacia. Mientras estaba escribiendo me di cuenta de que esta historia contada linealmente sólo en el pasado tendría momentos  monótonos, muertos y poco útiles para una narración eficaz. Entonces decidí crear una estructura que transcurriese en el presente y en el pasado. Contar cómo había escrito la novela me permitía hacer saltos, elipsis, referencias, guiños. Darle una mayor eficacia a la estructura. Ese doble plano, presente y pasado, en el que transcurre la novela es una forma de contar que elegí para esta historia.  No porque yo quisiera decir: “Oye, lector, voy a contarte cómo escribo novelas”. No, no, no. De hechotodo lo que allí cuento es falso. Es otra ficción dentro de la ficción. Es una falsa realidad.
-En determinado momento ese narrador dice que encuentra dificultad en recrear una escena erótica porque no había documentos de la época. ¿Siempre necesita un andamiaje histórico?
-Sí. Primero documento bien todo. Si no conoces bien la materia que tienes entre manos, no la puedes falsear. Nadie puede falsificar un billete de cien pesos si no lo conoce muy bien. Por eso hay que saber cómo son los personajes, cómo hablan, cómo se comportan y, sobre todo, cómo piensan. Y después decirle al lector: “Vas a jugar conmigo. Vas a suspender tu incredulidad por un tiempo. Vas a viajar conmigo a la París de la Revolución. Vas a ir conmigo a los salones, a los cabarets de entonces. Vas a ver a los filósofos en los cafés. Confía en mí”. Tienes que darle todo ese andamiaje para que el lector piense que está viviendo algo real, que de verdad se está moviendo por el mundo que tú le estás contando. Si seduces al lector en este sentido, es tuyo. El problema es cuando no se lo cree y se queda fuera de la historia. El lector de verdad es aquel que vivela novela como si fuera propia.
-¿Es decir que el hecho de que usted sea miembro de la Real Academia es anecdótico?
-Totalmente. La podría haber escrito igual sin ser miembro de la Academia. De hecho, la voz
1426079092_003776_1426079817_sumario_normal
narrativa que está contando es un académico que no soy yo. Los libros que él dice que ha escrito no son los que he escrito yo. Pongo distancia también para que el lector tenga siempre esa duda. Creo ese territorio ambiguo para que no sepa si es verdad o mentira lo que le estoy contando. Todo son técnicas narrativas. Yo no he inventado nada. Todos los novelistas las han usado, desde Tolstoi y Dostoievski hasta Agatha Christie, Corín Tellado o Claudia Piñeiro. Todos los novelistas tienen sus mecanismos narrativos y éste es el mío. Llevo 29 años escribiendo novelas y no me puedo quejar.

-Así como en el siglo XVIII había libros prohibidos porque se consideraban peligrosos en manos de la gente, ¿cuál sería la mayor amenaza para la Real Academia hoy?
-La mayor amenaza es la incultura. Es sustituir los libros de Borges, de Mujica Lainez, de Bioy Casares, de Carlos de la Púa, los tangos de Piazzolla o de Gardel. La gente los ha dejado, ha dejado de prestarles atención. Ahora todo lo que hacemos es ver la televisión y estar con whatsapp diciendo: “Qué tal, mira, estoy en Cancún con mi novia comiendo una hamburguesa…” Pero estamos perdiendo la cultura, la memoria, lo que nos hace ser mejores, poder dialogar, entendernos. Pues esta novela también habla de eso. De cómo los hombres buenos intentan en cada momento de nuestra historia luchar contra eso. Cuando todo se va al carajo, cuando todo arde y se derrumba, la cultura, los libros no cambian.
-¿Qué valor tiene esa permanencia?
-Sirve para entender. Argentina hoy es un desastre, como lo es España. La Argentina es un poco más desastre que España, quizá sea nuestra herencia. Si uno mira Argentina dice: “¿Cómo ha llegado hasta aquí?” Pero si uno lee, comprende cómo ha llegado hasta aquí. El libro es lo que nos permite entender. No va a cambiar la situación, pero la cultura nos permite saber cómo han ocurrido las cosas. Sin libros, sin el consuelo y el analgésico que es la cultura estamos en manos del caos.
-¿Es por eso que usted suele apelar al pasado en sus novelas?
-Claro. Porque el pasado explica el presente. Sin Rosas no puedes entender a Cristina (Kirchner). Y sin España antes que Rosas y sin los moros antes que España y sin los romanos antes de los moros, no puedes entender a Cristina. Ni a (Mariano) Rajoy. La gente no entiende porque no conoce esa cadena maravillosa. El libro es lo que te permite conectar todas esas cosas. El libro te permite entender a Cristina para votarla o no voltarla pero no votarla porque grite, te sea simpática o porque sea más guapo su ministro tal. La votas o no la votas no porque Cristina diga que tiene a Perón sentado en su hombro sino porque sabes que Cristina es el resultado de una larga historia argentina. Ese es el libro. El que ayuda a comprender. El libro es el antídoto contra el que más grita.
-¿La cultura también era el único antídoto en el siglo XVIII?
-Hay una diferencia importante y es que todavía en aquel siglo XVIII éramos inocentes. Es decir, quien era inculto, no tenía la cultura como mecanismo de salvación, como arma de supervivencia o como herramienta para salir adelante era porque no tenía acceso a ella. La cultura era patrimonio de muy poquitos, por eso los hombres buenos querían que fuese para todos. Pero hoy no tenemos esa excusa. La enciclopedia está, la tenemos. Tenemos internet, periódicos, cine, televisión, tenemos educación gratuita. El hombre moderno que es analfabeto, inculto, que es salvaje, si no tiene a la cultura como mecanismo de convivencia es porque quiere. El que la busca, la encuentra. Ahora somos más culpables de ser malos de lo que éramos hace dos siglos atrás.

“El amor de los jóvenes no está en el corazón, sino en los ojos”. #WilliamShakespeare (F: Canal 40)

“El amor de los jóvenes no está en el corazón, sino en los ojos”. #WilliamShakespeare
Un día como hoy pero de 1616, muere el dramaturgo William Shakespeare cuyo nacimiento coincide con el mismo día pero de 1564.
William Shakespeare fue un dramaturgo, poeta y actor inglés, considerado uno de los más famosos de todos los tiempos y el escritor más importante en lengua inglesa.
Las obras de Shakespeare son fuente de inspiración para numerosos experimentos teatrales, pues comunican un profundo conocimiento de la naturaleza humana. Se destacó por la perfecta caracterización de los personajes y su habilidad excepcional en el uso del lenguaje poético.
A 399 años de su muerte hoy te presentamos 5 cosas que no sabías del genio ingles:
Su familia. Se cree que sus padres e hijos eran analfabetos, pero él asistió a una pequeña escuela local, donde aprendió a leer y escribir, además de perfeccionar latín.
Obras destacadas. Sus obras más representativas son: “Otelo”, “Hamlet”, “Romeo y Julieta” y “Macbeth”.
Su primera vocación. Su profesión era en realidad la de actor. Se sabe que actuó en sus propias obras, siempre mantuvo un bajo perfil con papeles secundarios.
Inventó un total de 1700 palabras y expresiones. Entre ellas se encuentran vocablos de uso tan común como: asombro, arrogancia, asesinato, sangriento y generoso.
Obra más corta. Su obra más pequeña es “La comedia de las equivocaciones”. Se representa en menos de hora y media, mientras que “Hamlet”, su obra más larga, requiere cuatro horas.

miércoles, 22 de abril de 2015

Porque el vino es bueno para todo (F: @sabormexico)


Porque el vino es bueno para todo

Por qué el vino es bueno para todo


Ya les he platicado en otros artículos de los grandes beneficios de tomar vino, como por ejemplo el hecho de que se ha confirmado que el vino tiene probioticos buenos para la salud. Pero en esta ocasión quiero hablarle más sobre esos momentos que uno vive en el día a día y encuentra que elvino es bueno para todo, hasta para hacernos compañía en un fin de semana que lo único que queremos es estar en santa paz tirados en un sillón divagando por los canales de la televión. Yo adoro tomar vino, si, con moderación, y lo encuentro agradable por tantas cosas que aquí les quiero compartir.

Porque el vino es bueno para todo
Porque el vino es bueno para todo

El vino nos deja ver lo que queramos en la televisión sin quejarse. Nada como llegar de un ajetreado día en la oficina y servirse una copa de vino para relajarse y tomar el control de la televisión y navegar entre los programas que se nos antoja. Desde la película más cursi hasta divagar con un programa de la vida de las  Kardashians,  La Voz, y un largo etcétera … Al vino no le importa, solo nos acompaña.
El vino es el gran compañero en una fiesta y nunca tendrá problemas para encajar con el resto de la gente. Al vino no hay que andarlo cuidando de que se sienta a gusto porque no conoce a nadie en la fiesta. El vino va a congeniar con todos maravillosamente, e incluso hará que platiquemos con otros por el simple hecho de estar ahí como tema de la fiesta.
El vino nunca esta “demasiado cansado” o… El vino es siempre esta de buen humor para acompañarte y no te juzga, y esta a tu lado para relajarte en el sofá sin quejarse porque no tienes ganas de hacer nada más. El hará lo que tu mandes. Es como la pareja ¡perfecta!
El vino sabe bien. Y nunca te enfermas por tomarlo. Nunca
El vino siempre esta ahí para apoyarte. Y ni te critica ni juzga, y mucho menos regaña. Solo te acompaña.
El vino nunca te hace elegir entre el (o ella) y tus amigos. El vino hace lo que tu quieres todo el tiempo y si no quieres estar con el no se quejará porque no le dedicas tiempo. Y lo mejor, a tus amigos les encanta que traigas vino contigo a las reuniones con ellos.
El vino nunca te pregunta qué hay para cenar. En realidad es el vino lo que hay para cenar.
El vino nunca te juzgará. Literalmente, nunca juzga. Te puede ver llorar escuchando una canción romántica y no dice ni pio. Es tan bueno.
El vino puede hacerte sonreír sin siquiera intentarlo. Trata de tomar una copa de vino sin esbozar una sonrisa … Haz la prueba verás que al segundo o tercer trago te saca una sonrisa.
El vino siempre sabe lo que quiere. Y lo que quiere es ser vino. El vino es lo que quieres. ¿Qué relación podría ser mejor?
Todo el mundo ama el vino. Uno no se tiene que estar preocupando de que lo acepten los amigos o familiares o compañeros de trabajo, porque todo el mundo ama el vino. Puede suceder que el vino no sea su tipo (hay quienes prefieren cerveza, refresco u otra bebida), pero nadie odia el vino.
El vino es siempre allí cuando lo necesitamos. Cuando las cosas se ponen difíciles … siempre hay vino. Día agitado en la oficina? Vino. Una pelea con un amigo? Vino. Hemos llegado al máximo de la tarjeta de crédito? Vino. El o la ex se casó? Vino.
En fin que el vino siempre es un buen compañero, y si a veces nos sentimos solos porque no encontramos a la pareja ideal, no se preocupen, compren ese vino al que le han traído ganas desde tiempo y dense el gusto de tomarse ese elixir que además de ser bueno con medida, nos hará ver y sentir mejor, porque una buena copa de vino siempre relaja y nos recuerda que no es tan malo disfrutar de nuestra propia compañía.

Buenas conciencias, malas palabras (F: Letras libres)

Siempre nos referimos a malas palabras y nunca a palabras malas, probablemente por esa regla gramatical tan útil que nos indica que el adjetivo antepuesto inocula cierta subjetividad y, con ella, un matiz afectivo que el adjetivo pospuesto no tiene (así, esas “oscuras golondrinas” de Bécquer remiten a un ambiente algo sórdido y a la condena cíclica de un Sísifo; unas golondrinas oscuras son, por el contrario, ‘aves poco iluminadas’). Resulta obvio que la maldad de las palabras es un atributo subjetivo que cada quien otorga en función de distintos valores y circunstancias, por lo que jamás nos atreveríamos a pensar en palabras que sean objetivamente palabras malas.
En México, son muchísimas las malas palabras, así que, para introducirlas en la conversación normal, recurrimos al eufemismo: palabras ingeniosas que sustituyen otras consideradas impropias y que permiten evitar en una plática de sobremesa, por ejemplo, menstruación, y acecharla por sus circunloquios más aceptados: reglaestar en sus días yperiodo (hurtadas a la revisión médica); monstruar (¿alusión a los cambios de humor por los desajustes hormonales?);Andrés, el que viene cada mes (¿un tipo de rima infantil?). Nadie dice menstruación porque parece de mal gusto; en el fondo, quizá se nos dificulta enfrentar un hecho concreto mediante el instrumental quirúrgico de alta precisión deparado para tal fin: el lenguaje denotativo. Oh, relatividad: parecería que menstruar es la mala palabra y que regla (por alusión a la regularidad del periodo) es la buena palabra que viene en auxilio.
Nunca había sido tan consciente de este hábito hasta que un día me sorprendí a mí mismo sumergido en la lectura del Diccionario de mexicanismos como una novela llena de personajes pintorescos de esos que se vuelven entrañables por su capacidad innata para el cantinfleo (sin cursivas, porque está aceptado por la RAE en su diccionario y lo presumimos con orgullo nacional, sin advertir que se trata de un disfemismo: palabra con valor peyorativo). Personajes inmersos en situaciones propias de la televisión más comercial donde la trama se orienta a la sexualidad o al fraude. Ante la censura autoimpuesta para hablar directamente sobre ambos temas, el eufemismo resulta la feliz estrategia dominante:
los de abajo (‘testículos’)
abrazo de tamal (‘practicar el coito’)
abrocharse a alguien (‘practicar el coito’)
accionar (‘practicar el coito’)
achafranar (‘practicar el coito’)
acostón (‘practicar el coito... sin compromiso’)
afilar el fierro (‘practicar el coito’)
agasajo (‘sesión de besos y caricias... sin practicar el coito’)
aguayón (‘las nalgas en las mujeres’)
alcancía (‘fin de la espalda u órgano sexual femenino’)
alcanzar el timbre (‘alcanzar la edad necesaria para... practicar el coito’)
almidonar el escape, almidonar el mofle, almidonar las tripas(‘practicar el coito’) y un largo etcétera (donde brillan con luz propia los eufemismos para... practicar el coito).
Lo demás, se dirime en el ámbito de la política:
abogánster (‘abogado corrupto’)
acarreado (‘manifestante o votante político mercenario’)
acarrear (‘la acción de conseguir simpatizantes políticos mercenarios’)
acarreo (‘la acción de llevar acarreados en autobuses al acto público correspondiente’... nótese la pasividad con la que se percibe al grupo)
aceitar la maquinaria (preparar y controlar los detalles para conseguir un objetivo’... sorprende que no tenga una connotación sexual a la luz de medir el aceite en la letra m)
acomodo (‘cargo público conseguido por tráfico de influencias’)
ajusticiar (pese a sugerir justicia, ‘matar a alguien como castigo ejemplar sin pasar por un juicio’)
De los lemas contenidos en el Diccionario de Mexicanismos podría salir sin dificultades otro Laberinto de la soledad (en el fondo, el mismo Octavio Paz partió de palabras como madre,Malinche y chingar para su elaboración). No creo que haya sido la intención de Concepción Company, directora del proyecto, y de la Academia Mexicana de la Lengua, pero la unión de lenguaje, identidad nacional y cultura resulta indisoluble... y en nuestra cultura disfrutamos del sexo y del fraude, pero preferimos obviar los detalles por medio de eufemismos.
Esta satisfactoria experiencia me invitó a volver a otros diccionarios para repetir la maniobra de internarme en lanovela lexicográfica de otras culturas. Recomiendo ampliamente el ejercicio: leer de un tirón un diccionario. Comencé por uno que no es propiamente un lexicón, pero parte de ahí: El latín erótico. Aquí, el tema de evitar aquellas palabras consideradas de mal gusto por una galopante falocracia nos rebasa: Enrique Montero Cartelle nos cuenta, por ejemplo, que Cicerón recomendaba esquivar asociaciones fónicas malsonantes como cum nobis (‘con nosotros’, en cuya contigüidad fónica estaba implícito un cunnus, término anatómico para vulva y donde el experto reconocerá la raíz etimológica de coño); eso, sin contar que el sentido original del cunnus romano pudo remontarse a ‘cloaca’. Las prácticas parecen cambiar poco con el tiempo.
En el Tesoro de villanos de María Inés Chamorro, diccionario de germanía de los siglos XVI y XVII (los mismos que son considerados los Siglos de Oro de la literatura española), se presenta un panorama de la germanía que convivía al tú por tú con la literatura más refinada del periodo y no se quedaba atrás por ingenio; aquí encontramos:
abanico (‘soplón’)
abocadar (‘robar’)
abrazado (‘preso’)
abrazador (‘alguacil’, el que abraza o apresa)
abrochar (‘prender’)
acerrador (‘alguacil’)
acometer (‘robar de modo violento’)
acuchilladizo (‘matachín, sicario’)
aderezar (‘castigar con el látigo’)
adobar puertas (‘prepararlas para el robo’)
aduana (‘donde se reúne lo hurtado’)
En el plano de la sexualidad:
abrocharse (‘amancebarse’)
abrocho (‘practicar el coito’)
aceite de almendras (‘semen’)
acomodar (‘amancebarse’)
aconchar (‘restaurar la virginidad’)
adarga (‘vulva’)
aderezar (‘restaurar la virginidad’)
adobar a doncellas (lo mismo)
aduana (‘burdel’)
afeitada (‘prostituta’)
agrofa (‘prostituta sucia’)

Para acabar pronto, la primera palabra del Tesoro de villanoses abadejo (‘prostituta de baja categoría’) y la última, zurrona(‘prostituta, estafadora’).
Las malas palabras no son, en el fondo, tan malas, siempre que sirvan para evitar otras palabras de mayor maldad y menos gracia: las palabras denotativas. Las malas palabras tienen un no sé qué que nos seduce, algo que frente al pudor referencial de los medios de comunicación y al recorte paulatino de léxico al que nos someten los editores para poder vender más libros (porque su objetivo comercial no es el lector letrado, sino la masa desbordante y algo cándida que compra libros como exquisitos regalos para salir de un compromiso social) podría perderse o quedar, simplemente, en nuevos tesoros de villanos del siglo XXI. Un no sé qué fundado en el ingenio necesario para entenderlas y en la creatividad para insertarlas al hilo de la conversación cotidiana. No creo que nos gusten tanto las malas palabraspor ser malas, sino por su ingenio. Decirle abanico al ‘soplón’ y Andrés, el que viene cada mes, al ‘ciclo menstrual’ requiere creatividad casi poética y mucho sentido del humor. La malas palabras no son malas, solo son ingeniosas. Cuando entro a la habitación de mi hijo, tras el derrame de juguetes del fin de semana, podría pedirle sencillamente que “ordene su cuarto” y la deuda comunicativa quedaría saldada por un simple acto de lenguaje, una orden. Por el contrario, prefiero reprocharle de forma afable que “goza de una cornucopia lúdica”; de inmediato me mira con gesto cómplice y reímos juntos de la ocurrencia.

martes, 21 de abril de 2015

La risa es la mejor medicina para la pérdida de memoria en la madurez (F: Revista muy interesante)


“La risa es la mejor medicina”. Es una frase con la que todos estamos muy familiarizados. Ahora, un nuevo estudio de la Universidad de Loma Linda en California (EEUU) concluye que el humor puede reducir el daño cerebral causado por la hormona cortisol, más conocida como “hormona del estrés”(responsable de la pérdida de memoria debido a que los niveles altos de cortisol dañan la conexión entre células cerebrales).

¿Puede reducir la risa el daño provocado por el cortisol? Para comprobarlo, los investigadores mostraron un vídeo de humor de 20 minutos de duración a dos grupos de voluntarios: un grupo de mayores sanos y otro grupo con personas mayores con diabetes. Se estableció también un tercer grupo de control, que no visualizó ningún vídeo humorístico.

Los dos grupos que vieron el vídeo mostraron una reducción significativa en sus niveles de cortisol, así como una mejora en las pruebas de memoria a las que fueron sometidos, en comparación con el grupo que no visionó el vídeo.

“El humor reduce las hormonas nocivas del estrés, que reducen el número de [neuronas] de la memoria y la presión arterial, aumentan el flujo sanguíneo y mejoran el estado de ánimo. El acto de reír (o simplemente de disfrutar del humor) aumenta la liberación de endorfinas y dopamina en el cerebro, lo que provee una sensación de placer y recompensa. Esos cambios neuroquímicos positivos y beneficiosos, a su vez, hacen que el sistema inmunitario funcione mejor”, afirma Lee Burk, coautor del estudio.