lunes, 24 de octubre de 2011

GABY VARGAS "La risa el origen del mundo"

De entre todas las teorías que hemos escuchado acerca del origen del mundo y que provocan innumerables desacuerdos entre la ciencia y la religión, imagino que –como yo–nunca habías escuchado la versión que titula esta columna y me parece preciosa, porque es cierta: La vida nace con y desde la risa.


"Los siete dioses que gobiernan el mundo nacieron de la risa de Dios. Esa idea de la fuerza creadora de la risa se planteaba en la antigüedad", comentó Salomón Reinach, arqueólogo y estudioso de la historia del arte; y luego continuó: "Cuando la primera risa de Dios estalló, apareció la Luz; al reír por segunda vez brotó el Agua y al hacerlo por tercera ocasión, apareció la Mente; con la cuarta surgió Genna, quien sembró todo lo existente. Cuando rió por quinta vez, apareció el Destino; con la sexta risa apareció la Oportunidad; y al escucharse la séptima carcajada apareció el Alma".


Bien vista, la risa une, eleva y conecta. Intentar crecer sin la risa, tanto en la vida espiritual como en la terrenal, es algo inconcebible para la mayoría de las culturas y tradiciones religiosas.


Sin embargo al ver personas que, influenciadas todavía por las creencias de la Edad Media, piensan que la risa y la alegría no son aspectos divinos y que la espiritualidad debe ser seria, adusta, sufrida, moralista y severa, me pregunto: en esta visión, ¿dónde queda ese Dios que es todo amor, dicha, alegría y generosidad? Ese Dios queda eclipsado por uno artificial y crítico, que juzga y castiga.


Nunca falta alguien –todos conocemos a alguna persona así– que al escuchar un buen chiste, intenta demostrar "superioridad moral" y en vez de reír levanta la ceja, pone cara de velorio perpetuo y vive en la amargura crónica.


Nunca olvidaré cuando organicé una despedida de soltera para una ahijada e invité a la familia del novio que –me habían advertido– era muuuy católica. Todas las asistentes nos retorcíamos de risa con los chistes que contaba una señora muy simpática, menos, por supuesto, la mamá y la hermana del novio. ¡Qué horror!, "pobres de ellas –pensé en mi interior–, con lo que el mundo sufre y vivir sin permitirte reír de simplezas".

 

Reír es nuestra naturaleza


Gracias a los ultrasonidos en tercera dimensión, hoy podemos ver que los bebés sonríen en el útero materno; al nacer sonríen cuando escuchan estímulos como la voz de su mamá, incluso cuando están dormidos. Reír es lo primero que nos hace sentir libres.


La risa tiene el poder de transformarnos de hacedores de humanos, en seres humanos. Una criatura necesita de la risa, para su sano crecimiento mental y emocional. Los niños suelen sonreír un promedio de 400 veces al día, mientras que los adultos lo hacemos alrededor de 20 veces; incluso, 14 por ciento de la población sonríe menos de cinco veces al día, de acuerdo a los estudios de Ron Gutman.


Una vez alguien dijo algo muy cierto: "No dejamos de jugar porque envejecemos, sino que envejecemos porque dejamos de jugar".


"El sólo hecho de imitar una sonrisa ajena, nos hace sentir bien; reduce el cortisol, la adrenalina y baja la presión alta. Basta el gesto de una sonrisa para estimular dopamina en el cerebro", dice Gutman en TED; quien también afirma que: "Una sola sonrisa genera en el cerebro los mismos estímulos que consumir 2 mil barras de chocolate, o recibir 300 mil pesos en efectivo".


Hoy tendríamos que honrar a las personas que tienen ese don de hacernos reír y salir de nosotros mismos para conectarnos, aunque sea por segundos, con la alegría de ese Dios que creo al mundo al lanzar la carcajada.

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