viernes, 30 de enero de 2015

CÓMO SOBREVIVIR A UN ATAQUE AL CORAZON CUANDO ESTAS SOLO!


CÓMO SOBREVIVIR A UN ATAQUE AL CORAZON CUANDO ESTAS SOLO!
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Dado que muchas personas están solas cuando sufren un ataque al corazón, sin ayuda, la persona cuyo corazón late incorrectamente y que comienza a sentir desmayo, tiene sólo unos 10 segundos antes de perder el conocimiento.
Sin embargo, estas víctimas pueden ayudarse a sí mismas tosiendo repetida y vigorosamente. 
Una respiración profunda se debe realizar antes de cada tosido, y el tosido debe ser profundo y vigoroso y prolongado tal como se produce en el interior del pecho.

Un aliento y tos deben repetirse cada dos segundos sin parar hasta que llegue ayuda o hasta que sienta que el corazón está latiendo normalmente.
Respiraciones profundas llevan oxígeno a los pulmones y los movimientos de tos presionando el corazón y mantiene la sangre circulando. 
La presión de compresión sobre el corazón también ayuda a restablecer el ritmo normal. 
De esta manera, las víctimas de ataque cardíaco pueden llegar a un hospital. 
Comparte a otros acerca de ésta manera de salvar su vida.

Un cardiólogo dice que si todo el que recibe este mensaje lo envía a 10 personas más, puedemos apostar que vamos a salvar al menos una vida.
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jueves, 29 de enero de 2015

Cebolla, un medicamento natural (F: Revista muy interesante)

Cebolla, un medicamento natural

Las cebollas aportan numerosos beneficios a la salud, desde prevenir el cáncer y los accidentes cerebrovasculares hasta aliviar el dolor de la artritis y mantener una buena digestión
Las cebollas aportan diferentes beneficios a la salud ya que son una excelente fuente de vitamina C, fibra, ácido fólico, antioxidantes, flavonoides y fotoquímicos importantes. Son bajas en calorías, sodio y no contienen grasa ni colesterol. Consumirlas, tanto crudas como cocidas, ayuda a mantenerte saludable.
La cebolla es rica en quercetina, un flavonoide conocido por su efecto preventivo del cáncer. Ayuda a reducir los síntomas cuando se presentan infecciones en la vejiga y a mantener la salud de la próstata. Tiene fotoquímicos como disulfuros, trisulfuros, cepaene y vinilditiínas que contienen propiedades anticancerígenas y antimicrobianas. Las cebollas rojas contienen la mayor cantidad de quercetina.
En su estado crudo, las cebollas fomentan la salud del corazón. Contienen azufre, un anticoagulante natural, que ayuda a disminuir la presión arterial y el colesterol malo, mientras que aumentan el colesterol bueno. Puede prevenir los coágulos en la sangre, infartos y accidentes cerebrovasculares al evitar la acumulación de placa en las arterias.
Durante años, se han utilizado como remedio casero para reducir las inflamaciones y hasta tratar el asma. El mismo azufre contiene agentes antiinflamatorios que las hacen efectivas en esos casos y que ayudan a reducir el dolor provocado por la artritis, ya que alivian la rigidez. También reducen las reacciones alérgicas al limitar en el cuerpo la producción de histaminas, responsables de los estornudos, picazón y lágrimas, cuando estas se presentan.
Por si fuera poco, las cebollas eliminan los radicales libres, propiciando un sistema inmunológico fuerte. Mejoran la eficacia de la vitamina C y la absorción de minerales a través de probióticos que se encuentran en la fibra.  Fomentan la desintoxicación al ayudar al hígado a procesar las toxinas y su alto contenido de fibra soluble provoca una buena digestión y reduce el riesgo de desarrollar úlceras gástricas.
El cromo en la cebolla ayuda a regular el azúcar en la sangre y el azufre ayuda a bajarla, mediante la activación de una mayor producción de insulina. Comer cebollas diariamente incluso puede ayudar a mejorar la densidad ósea en mujeres que atraviesan la menopausia.
Sin embargo, existen algunos riesgos, que no son del todo graves pero es importante hacer notar: La fructosa en la cebolla puede causar gases e hinchazón. Si se consume cruda, puede empeorar la acidez estomacal en personas que padecen acidez crónica o reflujo gástrico. Comer cebolla verde en grandes cantidades o aumentar sustancialmente su consumo puede interferir con medicamentos anticoagulantes, ya que su alto contenido en vitamina K puede reducir su función para adelgazar la sangre.

miércoles, 28 de enero de 2015

Fotos, gramática y la ética de la visión (F: Letras libres)

“Al enseñarnos un nuevo código visual, las fotografías alteran y amplían nuestras nociones de lo que merece la pena mirar y de lo que tenemos derecho a observar”, escribió Susan Sontag en su clásico Sobre la fotografía. Y añadió que las fotos “son una gramática y, sobre todo, una ética de la visión”.
En los últimos tiempos, probablemente alentadas por el mucho más fácil acceso a las cámaras y el acicate de las redes sociales en internet, muchas personas se han dedicado a jugar con esa gramática de la visión que es la fotografía. Ha ganado muchos adeptos la tendencia de recrear fotos antiguas: gente que toma sus viejas instantáneas familiares, busca ropa parecida a la que llevaba décadas atrás y se lanza a —en la medida en que el paso del tiempo lo permite— reproducirlas. El resultado, en la mayoría de los casos, es muy divertido.
Más allá de estas iniciativas particulares, cuyo objetivo, en general, no excede el mero divertimento, existen otras: parecidas, pero con búsquedas o sentidos diferentes. Más profundos. Artísticos. En estos casos, no se trata de una moda reciente, fruto de un acceso más fácil a los medios técnicos, sino que en general tienen un buen costo: en dinero, en tiempo o en otros recursos incluso menos tangibles.
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Quizás el caso con mayor proyección temporal es el del fotógrafo argentino Diego Goldberg. Su proyecto se titula La flecha del tiempo, y consiste en realizar, el 17 de junio de cada año, fotos carnet de sí mismo y de los demás miembros de su familia. “Nos fotografiamos para detener, por un momento evanescente, la flecha del tiempo que por allí pasa”, dicen. La iniciativa comenzó en 1976 con Diego y su esposa Susy. En 2014, ya fueron nueve: ellos dos, sus tres hijos, dos nueras y dos nietas. (El estadounidense Zed Nelson comenzó, en 1991, un proyecto parecido: todos los años, una foto similar de él, su esposa y su hijo. Su título es, simplemente, The Family.)
Aún más impactante es la experiencia de Noah Kalina, también norteamericano, quien se toma una selfie todos los días desde el 11 de enero de 2000. Cuando llevaba seis años editó un video que resumía su proyecto, titulado Everyday, hasta entonces. Se hizo tan popular que hasta fue parodiado por Los Simpson. A mediados de 2012 editó un segundo video. Verlo completo —4.514 fotos, los ojos de Kalina fijos en los tuyos, en 7 minutos y 47 segundos— es verdaderamente sobrecogedor. Y su trabajo, obviamente, continúa.
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No se trata solo de retratos de personas. El artista Halley Docherty se convirtió en un especialista en insertar imágenes antiguas en Google Street View, de forma tal de introducir escenas históricas en paisajes actuales. Primero lo hizo conpinturas famosas, luego con portadas de discos y, más tarde, con escenarios de la Segunda Guerra Mundial. Inspirado por Docherty, Sebastian Maharg (estadounidense con raíces españolas y escocesas) hizo algo muy parecido pero conimágenes de la Guerra Civil Española en Madrid, ciudad en la que él reside desde hace una docena de años.
El español Arturo Barcenilla Tirapu, gran admirador del cine de François Truffaut, se lanzó hace años a un proyecto ambicioso: crear una “guía visual” del París de ese director, que mostrara el aspecto actual de los escenarios de sus películas. Y lo logró. El resultado es el magnífico libroTruffaut/París, publicado en 2014, que reúne más de 200 fotos actuales, cada una acompaña por el fotograma original que la inspiró, además de 18 mapas para ubicar las localizaciones, fichas técnicas y un amplio anecdotario de Los cuatrocientos golpes y las otras doce películas que Truffaut rodó en la capital francesa.
Algunas semanas atrás, la cadena HBO emitió una “maratón” de la serie The Wire, considerada una de las mejores de la historia de la TV. Animado por ese hecho, Justin Fenton, periodista del Baltimore Sun, propuso en Twitter a los fans de la serie que le dijeran lugares donde había transcurrido su acción y que les gustaría ver cómo estaban en la actualidad. Y, con las respuestas, salió a la calle y los fotografió. Si bien la serie no es tan antigua (se emitió entre 2002 y 2008), el resultado no deja de sorprender: los escenarios están casi iguales.
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Sin embargo, de todas las iniciativas de esta clase, hay una que se destaca sobre las demás. Por el concepto que la subyace y por la realidad que retrata. Se trata de Ausencias, colección del fotógrafo argentino Gustavo Germano. La idea es como la mencionada al principio de este texto: recrear fotos familiares muchos años después. La particularidad es que, en este caso, en las imágenes originales hay personas que fueron asesinadas o desaparecidas por la dictadura militar que asoló la Argentina entre 1976 y 1983. En las fotos recreadas tres décadas después queda el hueco de los que ya no están.
Imposible no conmoverse ante el vacío que dejan quienes debían estar allí, en fotos que son, en sí mismas, marcas del paso del tiempo en el paisaje y en las personas. Este vacío, al igual que el de los paquetes de comida envasados al vacío, es artificial: cuando el hermetismo se rompe, así como la rotura en el paquete absorbe inevitablemente el aire de alrededor, la ausencia en la foto (ausencia que es rotura, tajo, herida imposible de cerrar) atrae la mirada con la fuerza gravitacional de un agujero negro.
Susan Sontag, en su ya citado libro, dice también que “mediante las fotografías cada familia construye una crónica-relato de sí misma, un estuche de imágenes portátiles que rinde testimonio de la firmeza de sus lazos”. Sin duda, las recreaciones de fotos antiguas son un capítulo particular en ese relato, una especie de homenaje que la familia se rinde a sí misma. En Ausencias, la falta de alguien en la recreación es la crónica de un destino trágico. Un vacío que es diferente y único en cada caso, porque, como escribió Tolstoi, cada familia desgraciada lo es a su propia manera.

martes, 27 de enero de 2015

Mi tío Hanns y el nazi Rudolf Höss (F: El país (cultura))

Rudolf Höss, segundo por la izquierda, en Auschwitz.
La historia que ha convertido al periodista Thomas Harding (1968) en el autor de un best-seller internacional se escondía entre la penumbra de su propia familia. Harding desciende de una saga de alemanes judíos que salvaron la piel al huir a Reino Unido durante el nazismo. De su tío abuelo, Hanns Alexander, sabía que era un bromista algo fantasioso al que los niños adoraban. Fue durante su funeral, una tarde lluviosa de 2006, “cuando ya no podía hacerle preguntas”, cuenta Harding durante una entrevista en Madrid, cuando descubrió que el tío Hanns había sido el hombre que detuvo al kommandant de Auschwitz, Rudolf Höss, en 1946.
Las dudas de Harding, curtido periodista de documentales, le llevaron a indagar en la biografía del hermano de su abuela. “La idea de que aquel hombre bueno pero que no llamaba la atención hubiera sido un héroe de la Segunda Guerra Mundial parecía inverosímil. A lo mejor aquello no era más que otro de los cuentos chinos de Hanns”. Husmeó en cartas, hemerotecas, archivos, grabaciones… corroboró que Hanns había sido un cazanazis del Ejército británico. Por el camino rastreó la vida de su pieza más sobresaliente: Rudolf Höss, el hombre que dirigió tres años y medio el campo de Auschwitzy que, al ser destituido, mostró un burocrático pesar: “Estaba muy ligado a ese campo donde tantas dificultades y abusos tuve que vencer, donde todavía quedaban por resolver tantos problemas pesados”.
Tras años de investigación, Harding trazó dos biografías en paralelo que sortean la tentación del maniqueísmo. “Ambos hombres eran adorados por sus familias y respetados por sus colegas. En ocasiones Rudolf Höss, el brutal kommandant, mostraba cierta capacidad de compasión. Y la conducta de su perseguidor, Hanns Alexander, no siempre estuvo libre de sospecha”. El resultado, Hanns y Rudolf(Galaxia Gutenberg), es trepidante como una ficción y sólido como un ensayo. Se ha traducido a una docena de idiomas y será adaptado al cine. Harding culminó el proyecto en circunstancias terribles, tras la muerte de su hijo Kadian, de 14 años, en julio de 2012. Finalizarlo fue un íntimo homenaje.
Thomas Harding, en Madrid. / JULIÁN ROJAS
Si las biografías de los dos alemanes hubiesen culminado en la adolescencia, Hanns habría pasado a la historia como uno de los hijos de la burguesía judía adinerada. Su padre era el médico de Albert Einstein, Max Reinhardt, Marlene Dietrich o Richard Strauss. Rudolf, por el contrario, nació en la Selva Negra en un entorno desequilibrado por un padre fanatizado y una madre distante. A los 13 se alistó para combatir en la Primera Guerra Mundial, donde fue herido y condecorado. A partir de ahí su trayectoria se desliza hacia posiciones políticas violentas, como los Freikorps (comandos paramilitares de veteranos de guerra).
En la reconstrucción del pasado, Harding combina los perfiles públicos y privados de cada personaje. Hanns da largas y largas a su novia en Londres durante la guerra. Rudolf crea una gran familia (cinco hijos) a la que instala en un chalé desde cuyas ventanas se divisaba el horno crematorio de Auschiwtz I. Nada más siniestro que las inocentes estampas infantiles en el jardín de un lugar donde perecerían más de un millón de personas. El mismo hombre que compartía mesa con ellos era el que escribiría: “Debía permanecer allí de noche y de día mientras sacaban los cadáveres, los incineraban, les arrancaban los dientes de oro o les cortaban el pelo. A petición de los médicos, me tocó observar cómo morían las víctimas a través de los tragaluces de la cámara de gas”.
Rudolf Höss, a punto de ser ejecutado en Auschwitz en 1947.
De antemano, el periodista contaba con el mutismo de la familia del dirigente nazi, que acabó venciendo a fuerza de perseverancia. Más sorpresas le causó cierto rechazo de la suya propia a hurgar en el pasado de su tío. El silencio de Hanns Alexander obedecía en parte a una visión autocrítica forjada con el tiempo. “Creo que no se sentía orgulloso de algunos acontecimientos”, comenta Harding. La detención de Höss el 11 de marzo de 1946 no fue una impecable lección de derechos humanos. Alexander había llegado hasta él después de amenazar a su esposa, Hedwig Höss, con deportar a Siberia a uno de sus hijos. Acreditó su identidad gracias a la alianza de boda. Hanns dio rienda suelta al odio de sus hombres, que apalearon al nazi, escondido en una granja en Gottrupel, con mangos de hacha. En la cárcel, cuenta Harding, “le obligaron a beber alcohol y le azotaron con su propio látigo. En todo momento estuvo esposado, y dado que la temperatura de la celda estaba muy por debajo de cero, los pies descalzos de Rudolf mostraron muy pronto signos de congelación”.
Rudolf Höss compareció como testigo en Núremberg, donde asombró al mundo al reconocer el alcance del plan de exterminio. Después fue entregado a las autoridades polacas, que le juzgaron en marzo de 1947 en Cracovia, donde escuchó sin inmutarse a supervivientes. En abril fue condenado a la horca. Se levantó a pocos metros del chalé y de la cámara de gas de Auschwitz I. Es el lugar que visitaron juntos Thomas Harding y Rainer Höss, uno de los nietos del kommandant, el único deseoso de conocer su pasado. “Este es el mejor lugar que hay aquí. El lugar donde le mataron”, dijo Höss a Harding.

La teletransportación es posible¡¡, el viaje a otras dimensiones... sería realidad¡¡ (F: Tener que contarte)

La teletransportación siempre ha sido un fenómeno considerado propio de la ciencia ficción, pero en los últimos años científicos de todo el mundo han comenzado a hacer avances significativos en el desarrollo de la tecnología del teletransporte.


Descrito por Albert Einstein como una “acción fantasmal a distancia”, la teletransportación o teleportación fue una palabra acuñada por Charles Fort para describir el transporte instantáneo de una persona o un objeto de un lugar a otro.

A lo largo de la historia, muchas personas han soñado con el poder inimaginable de la teletransportación, pero hay casos registrados que sugieren que el teletransporte es una realidad desde tiempo atrás.

Casos de misteriosas teletransportaciones

En los círculos espiritistas del siglo XIX, psíquicos de gran reputación ofrecían sus servicios a las personas de la aristocracia, convenciéndolos de que era posible “pasar” de un espacio a otro de una manera inexplicable. Pero de todos los casos de teletransportación hay un misterioso suceso ampliamente difundido, el del granjero David Lang de Tennessee, que una tarde de 1880, al cruzar un campo desapareció a la vista de muchos testigos, incluyendo tres miembros de su familia y un juez. La mayoría de los expertos han especulado que Lang, al igual que otras personas que han desaparecido misteriosamente, cayó en la “cuarta dimensión”. Todos los testigos se apresuraron en ir hacia el lugar donde había desparecido David, pensando tal vez que había caído en un agujero de algún tipo. No había ningún agujero. En una búsqueda exhaustiva por parte de los familiares, amigos y vecinos no fueron capaces de encontrar nada. Pocos meses después de la inexplicable desaparición, los hijos de Lang observaron que la hierba en el lugar donde su padre desapareció se había vuelto amarilla y se marchitó en un círculo que media alrededor de 4,5 metros de diámetro.
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Otro caso relacionado con la teletransportación fue el ocurrido en diciembre 1873, publicado en varios medios de comunicación como el Daily Post en Bristol y el Times de Londres, donde se trató como un caso inusual y misterioso. El 8 de diciembre, el Sr. y la Sra. Cumpston, dos respetables ancianos residentes de Leeds, llegaron a Bristol para hospedarse en el Hotel Victoria. Algunas horas más tarde fueron detenidos por alteración del orden público. En la estación de tren, donde fueron detenidos, los Cumpston aterrorizados gritaban: “Mi esposa y yo nos hemos escapado de unos ladrones y maleantes en una especie de cueva. Nos tuvimos que defender con una pistola”. Los Cumpston habían disparado dos veces, una en el techo y otra en la calle. El superintendente ante la sospecha de que los Cumpston estuvieran locos, lo notificó a la policía.

En el juzgado de guardia, el matrimonio dijo que por la noche habían oído fuertes sonidos extraños cerca de su habitación. Se quejaron a la dirección del hotel, que también oyeron esos ruidos, pero restaron importancia. Los ruidos cesaron y los Cumpstons volvieron a la cama. A las tres o las cuatro de la mañana, volvieron a escuchar los extraños sonidos, esta vez acompañado por una sensación alarmante de que el suelo temblaba como si fuera un terremoto. La pareja empezó a gritar, pero sus palabras parecían ser repetidas por presencias invisibles. El Sr. Cumpston sentía como si estuviera siendo arrastrado hacia una especie de agujero, pero su esposa consiguió cogerlo de la mano y así poder saltar por la ventana. En esa situación de pánico y de confusión, los Cumpston pensaron que se trataba de delincuentes que les intentaban secuestrar. La gerente del hotel declaró que, efectivamente, había escuchado unos ruidos extraños, pero no fue capaz de proporcionar más información. La policía dijo que había comprobado la habitación y no había visto nada fuera de lo común. Aunque no se conoce la verdadera naturaleza de la experiencia de la pareja, ochenta años más tarde el periodista Harold T. Wilkins sugirió lo siguiente:

“Los extraños ruidos y el agujero en el suelo descrito por los Cumpston son imposibles de explicar a menos que se suponga que, en determinadas condiciones, una fuerza desconocida puede llegar a operar creando un vórtice en la materia sólida, llamado teletransportación a otros universos. La materia es “sólida” sólo en relación con la percepción humana, a nivel atómico puede ser descrito como un espacio prácticamente vacío. Un ser humano puede ser arrastrado a un torbellino con capacidad de enviarte a decenas e incluso a miles de kilómetros de distancia. En ocasiones, un vórtice podría operar a distancias astronómicas, así como ser teletransportados a otro planeta.”

Otras dimensiones Teletransportación, acceso a otras dimensiones

Personas teletransportadas

Las teletransportaciones de seres humanos no son difíciles de encontrar en contextos folclóricos y religiosos. Uno de los primeros ejemplos fue la registrada por el reverendo Robert Kirk, en su obra clásica del siglo XVII. El gran filósofo del siglo I Apolonio de Tiana, se dijo que se teletransportó a sí mismo de forma instantánea a Éfeso (una localidad de la actual Turquía) para el tratamiento de los enfermos de la peste. Muchos santos cristianos, según las leyendas, en ocasiones eran llevados por los ángeles de un lugar a otro con una gran rapidez. Al principio de su carrera, Sathya Sai Baba, un líder religioso hindú, afirmó tener capacidades sobrenaturales milagrosas, con la capacidad de teletransportarse a sí mismo a la vista de los demás. El psicólogo Erlendur Haraldsson afirmó haber sido testigo de las teletransportaciones de Baba.



En 1901, poco después de que la familia Pansini se trasladó a una gran casa en Ruvo di Puglia, Italia, fueron víctimas de diversos fenómenos poltergeist. Alfredo Pansini, uno de los hijos de la familia tenía la capacidad de entrar en trance, que según los testigos, los “ángeles” hablaban a través de él y tenía visiones. La familia explicó, que el pequeño desaparecía de la casa reapareciendo en un estado de aturdimiento en la ciudad o en pueblos cercanos. Estas supuestas teletransportaciones fueron frecuentes durante los siguientes tres años, hasta su adolescencia en 1904. Justo antes de eso, sin embargo, el hermano menor de Alfredo también comenzó a teletransportarse, y en una ocasión desapareció de su casa y apareció a bordo de un barco de pesca a unos pocos kilómetros del puerto de Barletta. Joseph Lapponi, el asesor médico de los Papas León XIII y Pío X, entrevistó a los testigos y escribió un libro sobre el caso. En una de las investigaciones que realizó Lapponi, el Obispo Pasquale Bernardi encerró a los dos chicos en una habitación, cerrando todas las puertas y ventanas, sin embargo, a los pocos minutos los jóvenes desaparecieron.


Objetos teletransportados

El célebre investigador psíquico Hereward Carrington, quien estaba interesado en la experiencia humana y sobre todo en los Ooparts (artefactos fuera de lugar), pensó que exista algo más que la simple distracción y falta de atención para explicar ciertos episodios. Carrington escribió sobre un incidente:

“La Srta. K., una enfermera y una persona muy metódica, tenía la costumbre de poner siempre su manojo de llaves en la mesa del comedor cuando entraba en su apartamento. Un día, ella hizo esto como de costumbre y, poco tiempo después, buscó sus llaves para salir del apartamento. Sus llaves habían desaparecido. Buscó por todas partes, ya que no las encontraba. Finalmente tuvo que coger otro manojo de llaves. Unos días después, se le rompió un tapón de corcho de una botella de medicina, y fue a buscar otro tapón guardado en una caja de lata al fondo de un baúl, en el pasillo. Ella abría el cajón todos los días, hasta que aparec”

Raymond Bayless, un artista de Los Ángeles con cierta admiración en lo parapsicológico, relató una experiencia ocurrida en 1957, que tuvo lugar mientras sostenía un cepillo de mango largo y hablaba con un estudiante. La habitación estaba vacía, salvo por dos sillas y un caballete, y no había ninguna alfombra o moqueta en el suelo. Había un gran ventanal en dirección norte por donde entraba abundante luz solar. De repente, el cepillo se deslizó de su mano, tanto él como el estudiante oyeron un chasquido al chocar contra el suelo. Cuando Bayless se agachó para recogerlo, él se sorprendió al no encontrarlo por ninguna parte. Ambos realizaron una búsqueda exhaustiva por la habitación, sin encontrar señales del cepillo. “Se desvanecido en el aire”, concluyó Bayless.


Las teorías de la teletransportación

Estos casos no son únicos, incidentes como estos constituyen una prueba seria para demostrar la existencia extraordinaria de la teletransportación a otras dimensiones, demostrando que tales fenómenos son parte de la experiencia común de todos nosotros. En la actualidad, muchos científicos se inclinan a creer acerca de la teletransportación involuntaria. Los investigadores han identificado una serie de teorías sobre este fenómeno. Albert Einstein se basó en la existencia de una cuarta dimensión espacio-tiempo. Según esta versión, el espacio se abre periódicamente con agujeros negros del universo, que pueden penetrar a través de los objetos planetarios de otros mundos, utilizados por extraterrestres.

Otra teoría es la de Ralph Harrison sugerida en 1938, que según explico, la teletransportación obedece a las leyes de la meteorología. Por ejemplo, en las Bermudas la teltransportación se encuentra bajo la influencia de la Corriente del Golfo. Estos eventos pueden ocurrir en la atmósfera. Cuando los canales se abren entre los mundos, los seres vivos y los objetos pasan a través de ellos a un mundo paralelo.

Una explicación para todos estos casos seria la teoría del Multiverso. Básicamente, se podría argumentar que la teletransportación aparece el objeto en una nueva ubicación después de pasar a través de una o más dimensiones intermedias. El objeto en realidad se mueve, desapareciendo y reapareciendo, pero se está moviendo a través de dimensiones que no podemos percibir. Esto implicaría, ya sea destruyendo el objeto en nuestra dimensión y su sustitución por uno idéntico de otra dimensión, por la “conmutación” de los objetos idénticos de otra dimensión, o simplemente moviendo el objeto único a través de la otra dimensión.

Algunos teóricos han sugerido que la teletransportación es responsable de misteriosas apariciones de objetos fuera de lugar y de tiempo, o incluso las apariciones de los animales lejos de su hábitat natural. Sin embargo, aunque es demasiado pronto para sacar conclusiones, los recientes avances científicos podrían explicar este tipo de fenómenos. Quizás en un futuro próximo, la humanidad será capaz de dominar el arte de la teletransportación.