Gracias por estar aquí conmigo y hacer de algo nuevo algo cultural, literario acerca de los vinos y gastronomía.
martes, 20 de agosto de 2019
viernes, 29 de enero de 2016
Leer, ¿para qué? (F: Letraslibres.com)
La semana pasada me quedé con que el primer paso para una campaña efectiva de promoción de la lectura consiste en preguntarse seriamente para qué queremos que la gente lea más.
Para intentar una respuesta, empiezo con un comentario que alguien que firma como “Olivia” dejó en el blog la semana pasada:
Creo que la mayoría de las campañas de promoción de la lectura operan desde el mismo criterio moral: leer es bueno, por lo tanto promocionar la lectura es algo bueno. Si la literatura es una de las bellas artes, hacer que la gente se acerque a los libros es un actividad noble sin lugar a dudas.
Aceptar esto es fácil. Lo que falta, sin embargo, es explicar por qué pensamos o por qué se supone que tenemos que pensar que leer es algo bueno y por qué debería preocuparnos como sociedad que la gente lea más. Sin esta preocupación, las campañas se concentran en muchas otras cosas: en el tiempo de la lectura (lee 20 minutos al día), en la relación afectiva entre lector y libro (enamórate de un libro/personaje), en la construcción de metáforas alrededor del acto de la lectura (tipo: leer te da las alas, leer te abre los ojos, etc.) y en la presentación de la lectura como imperativo
¿Por qué debería uno estar exactamente allí y no en cualquier otro lado? ¿Por qué debería uno leer y no hacer cualquier otra cosa?
Temo que este tipo de interpretaciones de la lectura estén basadas en un malententido: confundir el aspecto material de la literatura con la literatura misma. Es decir, que al promocionar la lectura confundimos el objetivo y terminamos promocionando la compra, el intercambio o fetichismo por los libros. Por eso el ejemplo que sigue no viene de un libro, sino de una película.
En algún momento hacia la mitad de la película Temporada de patos (2004), dirigida por Fernando Eimbcke, un par de adolescente se niegan a pagar una pizza que llegó, según ellos, unos segundos más tarde de lo debido. El repartidor se niega a irse y la discusión y el tedio provocan que se llegue a los golpes.
El repartidor, Ulises (Enrique Arreola), arrepentido por la situación decide contarle su historia a uno de los jóvenes: un tipo de provincia que vienen a la ciudad a estudiar veterinaria, se gradúa y no puede volver porque se ve obligado a cuidar a su tía enferma Pierde a la novia, pierde su trabajo, y su única oportunidad consiste en trabajar en una perrera, en la que finalmente termina asesinando perros. Devastado por la violencia, renuncia y se convierte en repartidor de pizzas. La historia es, de algún modo, una justificación o explicación de lo que ha pasado, pero también es el prólogo para otra historia, la que explica el plan del repartidor para salir de la ciudad de México y volver a su tierra:
“Un día me compré una pareja de pericos de cabeza amarillo de esos que hablan, ¿no? Y de repente como a los dos meses, tuvieron crías. Salieron como seis o siete periquitos, ¿no? Entonces se me ocurrió la idea de venderlo. Pero como el cuarto en el que estaban estaba muy frío, que se me mueren. Lo más gacho es que también se me murió la parejita. Pero luego luego yo me di cuenta de que era un negociazo… Con lo que reciba de aguinaldo en diciembre, me vuelvo a comprar una parejita. Pero como los voy a comprar en diciembre, ya tendría que haber ahorrado para ponerle calefacción al cuarto, ¿no? Entonces, ya con la calefacción y la parejita, tengo que esperar dos meses para que entren en celo. Y ojalá que la hembrita sí quiera…, aunque generalmente sí quieren, ¿no? Entonces así de un jalón salen seis o siete periquitos. Entonces tengo que esperar un mes más para que crezcan, y ya más creciditos cada uno lo puedes vender en 2000 o 2500 dependiendo de dónde lo coloques. Entonces fíjate, tengo que ahorrar dos meses para la calefacción, ¿no?, tengo que esperarme hasta diciembre para lo del aguinaldo, dos meses para que se crucen, un mes para que crezcan, y ya con esa lana, me traigo a mi tía Eugenia para que venga a cuidar a mi tía Lucha Elena y yo me regreso a San Juan." (mins. 45-47)
Lo que me interesa de los dos momentos es que se enfatiza el hecho de que 1) la gente tiene historias que contar y 2) que esas historias pueden unir la brecha que genera la indiferencia o aliviar el estado general de violencia y agresión que se vive cotidianamente.
¿De qué va todo esto?
El aspecto principal de la lectura en el que tendría que basarse una campaña de promoción es básico: las historias. El tipo de lectura que se promociona no es, por ejemplo, la lectura universitaria o académica, informada por crítica, teoría o historia de la literatura (en el mejor de los casos), sino un tipo de lectura basado en eso que es lo más inmediato y reconocible para un público no lector: la trama que al nivel más rudimentario genera empatía o antipatía en el lector. Las historias, en la versión optimista de esto, ayudan reconocer al otro como individuo, justo como sucede en la película.
El problema que esto supone es que hemos dejado de hablar de literatura y ahora se está hablando de historias, y que las historias no son algo que encontramos esencialmente en libros. El primer presupuesto de la promoción de la lectura tendría que referirse a esto: se puede leer tanto como se puede hacer cualquier otra cosa. Si partimos de este supuesto, la lectura pierde su halo imperativo y se convierte en una posibilidad que, aprovechada, nos enseña a escuchar y permite que nos reconozcamos en los otros.
El segundo presupuesto sí se refiere específicamente a literatura: la gente ideal para promocionar la lectura son los lectores. Uno se encuentra con historias en todos lados: en la televisión, en el cine, en las reuniones familiares, en los discursos políticos, en los pretextos que pone la gente para faltar al trabajo, para no entregar algo a tiempo, para engañar a la pareja. La diferencia entre este tipo de historias y las historias que uno se encuentra en los libros, cuando los libros son buenos, es que las primeras consisten única y exclusivamente de lugares comunes puestos en escena por arquetipos, mientras que la literatura presenta matices y personajes. Se trata, en general, de la oposición entre rodearnos de historias conocidas contadas de la misma manera, o de historias conocidas contadas de diferente manera. Esa diferencia es fundamental a la hora de juzgar historias.
Más que frases cursis o publicitarias, la transmisión de estas historias, o la transmisión del gusto, necesita de gente que lo haya experimentado. Pienso, por ejemplo, en los dos primeros párrafos de este texto donde la poeta Sara Uribe cuenta cómo fue que comenzó a escribir versos y que cuentan, primero, cómo fue que empezó a leer literatura. Estas narraciones son la mejor herramienta que tienen los interesados en promocionar la lectura por varias razones: porque el relato es personal, y por lo tanto único; porque su intención no es convencerte, sino compartir; porque entiendes que la lectura tiene un impacto real en la vida de los otros; porque el gusto se contagia, y no se puede contagiar lo que no se tiene.
Leer no nos hace buenas o mejores personas, y nada va a cambiar realmente si leemos veinte minutos al día o tres horas. El efecto de la lectura del que estoy hablando puede darse si uno lee y relee el mismo libro durante toda su vida, o si solo lee uno o cien libros al año. Las estadísticas fallan en reducir este efecto de las historias en la gente, que consiste, para reducirlo a algo, en la sorpresa que causa el darnos cuenta de que algo asumido tiene un lado que jamás habíamos considerado. Para intentar darle la vuelta al lugar común: leer no abre los ojos de nadie, pero si ayuda a que nos demos cuenta que ya los teníamos abiertos.
viernes, 22 de enero de 2016
Para que te enamores de un libro (F: Letraslibres.com)
¡Estamos salvados!
Para saber por qué y gracias a quién, hay que ver este videoque trata sobre la más reciente campaña de promoción de la lectura del Fondo de Cultura Económica:
Antes que nada, hay que aclarar algo evidente: que el excelente catálogo del FCE debe ocupar tanto esfuerzo y tantos recursos, que lo más probable es que paguen muy mal el trabajo de manejar sus cuentas de redes sociales, que cada día nos agasajan con joyas como esta:
Que se parece mucho a preguntarle con actitud galante a la persona que te gusta:
“Y a ti, ¿te gusta algo?”
Total, que la nueva iniciativa se trata de que la gente se enamore de los libros, y que para eso el FCE ha recurrido a una agencia de publicidad que se dedicó a engañar gente en Tinder, una red social dedicada a emparejar gente: crearon personajes usando modelos literarios y se dedicaron a seducir a cuantas personas se dejaron.
La idea es buena, pero me gustaría comentar algunas de las cosas que se dicen en el video con la intención de superar algunos lugares comunes que aparecen comúnmente alrededor de los discursos sobre lectura y literatura.
“Buscar una editorial o librería dispuesta a arriesgarse”
Cuando alguien usa la retórica del riesgo y la literatura usualmente cae en la trampa de no hablar ni de riesgos ni de literatura. Hay gente que ha muerto por escribir y leer libros. Eso es arriesgarse. Lo demás son palabras huecas del tipo: “esta es una novela arriesgada”, “creo que necesitas correr más riesgos con tu novela”, o “escribir es como lanzarse al abismo”, que es una frase que en estos momentos por lo menos tres escritores están aprovechando para una entrevista.
“No hay que tenerle miedo a la literatura”
Lo mismo. La gente no le tiene miedo a la literatura. La gente le teme a las crisis económicas, a perder su trabajo, a los sicarios que secuestran y asesinan a sus familiares, a la policía, a los políticos corruptos, a la oscuridad, a las alturas, pero no a la literatura. De hecho, y curiosamente, muchos de estos miedos son mejores causas para explicar los bajos índices de lectura en nuestro país-con la obvia excepción del miedo a las alturas- que un supuesto miedo a los libros que no se explica más que desde un punto de vista condescendiente.
“Cinco minutos de lectura al día”
De manera marcadamente dramática, el video presenta tres datos duros para documentar la miseria lectora de un país como México. La tercera, que en México leemos menos de cinco minutos al día, es la que los emprendedores han tratado de cambiar de manera práctica: chatear durante por lo menos cinco minutos con las personas pretendiendo que eres un personaje de ficción como la Carlota de Fernando del Paso, o el Demetrio de Mariano Azuela (son cinco los personajes en total).
Cuando han pasado ya los cinco minutos, el truco consiste en contarle al interlocutor que en realidad ha estado chateando con alguien que pretende ser fulanito o fulanita, y que fulanito o fulanita en realidad son personajes de ficción y que los puede encontrar en tal o cual libro.
Todo bien. De hecho, el juego de rol puede ser muy divertido. En mis épocas de universidad yo acostumbrar jugar billar online en yahoo, donde además de jugar podías chatear con tu oponente. Cuando me aburría de jugar, lo que hacía era engañar a otros jugadores pretendiendo que yo era un ingeniero espía en busca de un código que estaba bajo resguardo de, casualmente y según me habían dicho mis contactos, la persona con quien yo estaba chateando en ese momento.
Es increíble la cantidad de tiempo que la gente permitía que durara la broma, quizá por juego, quizá por extrañeza. Ahora, eso no significa que yo haya promocionado la ingeniería entre los jugadores de billar. O eso espero.
Lo mismo pasa en este caso: si se trata de, como dicen, mostrarle a los incautos que han estado leyendo un libro durante más de cinco minutos (cosa que no es cierta, por lo menos por lo poco que se ve de ejemplos de conversaciones en el video), en realidad no hacía falta tanto esfuerzo.
De hecho, aquí presento mi campaña de lectura. Es fácil: lean en voz alta y repitan la siguiente frase durante más de cinco minutos: “A veces Garcín estaba más triste que de costumbre”
¿Listo?
Pues ya está: acabas de leer a ¡Rubén Darío!
“De Tinder a la realidad”
El momento más inquietante en el video es cuando se asume que todo lo que ha pasado en él no es real: que ni el teléfono, ni la conversación en chat, ni la gente que la está teniendo existen; cuando los emprendedores deciden que quieren ir más allá de los cinco minutos de lectura y establecer una conexión “real” con el interlocutor. Entonces los citan en un bar o en un parque para que los otros, emocionados por conocer a Carlota o a Demetrio, lleguen con su mejor vestido y encuentren, en lugar de a Carlota o a Demetrio, el libro de donde salen los personajes.
¿Por qué no es real la realidad? O, dicho de otro modo: resulta extraño que una campaña de lectura que además juega con la ficción necesite de la confirmación tangible como muestra de realidad: los libros que uno va y compra en las librerías del FCE no son la literatura, sino su soporte físico. Extraña que emprendedores tan creativos no se den cuenta de eso, inmersos como deben estar, en el mundo digital y de las redes sociales, que es tan real como el desengaño que se llevó la gente cuando una tal Carlota o un tal Demetrio les dio bola, los citó en un bar y resultó que no eran más que personajes de un libro.
Al final, lo que creo que es que hubo una confusión de público. La gente entrará a Tinder en buscar de ficción, pero de ficciones en particular que nada tiene que ver con la lectura. Es como intentar promocionar la teoría de la evolución a la mitad del sermón de la misa del domingo.
Promocionar la lectura: ¿para qué?
Creo que lo he dicho en este blog, así que no voy a repetir mucho. El primer paso para una campaña de promoción de la lectura efectiva consiste en preguntarse seriamente para qué queremos que la gente lea más. Sin esta justificación, las buenas ideas se quedan allí, en juegos de rol, o en juicios morales, o en publicidad o en política.
Para que esto no se quede nada más en quejas, prometo intentar una respuesta la siguiente semana.
martes, 12 de enero de 2016
El triunfo de Joaquín Guzmán (F: Letras libres)
¿Cómo juzgar la entrevista que el actor estadounidense Sean Penn, con la coordinación de la actriz mexicana Kate del Castillo, realizó a Joaquín Guzmán? Primero hay que quitarse las telarañas que invitan a no leer el encuentro entre El Chapoy Penn como un trabajo periodístico. En su artículo paraRolling Stone, Penn se asume, de manera explícita, como periodista: “Cuando hago periodismo, no acepto pago alguno”, dice. Su intención, pues, era enfrentar a Joaquín Guzmán desde la trinchera, en los términos y con las herramientas del periodismo. No se encontró con El Chapopara discutir la producción de una futura película sobre la vida del jefe del Cártel de Sinaloa. Tampoco lo hizo sólo por curiosidad, aprovechando el vínculo con Del Castillo. Se acercó a la actriz (y luego al capo) porque de tiempo atrás pretendía escribir algo para Rolling Stone y una plática con Guzmán sería —¡y cómo no!— la cereza en el pastel. Para Penn, la entrevista equivalía a encontrarse con un jefe de Estado: “Hoy México tiene, en efecto, dos presidentes”. Así consiguió Sean Penn la entrevista, así la asumió y así se preparó para ella. Un periodista haciendo su trabajo. Así hay que juzgarlo.
Partamos, pues, de una pregunta: ¿cuáles son las reglas básicas de una entrevista periodística? Se me ocurren algunas. La primera tiene que ver con el control de las preguntas. Un querido maestro me confió alguna vez lo que decía él a sus entrevistados: “Mire usted: antes de la entrevista, la entrevista es nuestra. Durante y después de la entrevista, la entrevista es mía”. Siempre me ha parecido un buen punto de partida: antes del encuentro, las partes pueden discutir puntos de interés en común y demás generalidades. Hacerlo es normal e incluso positivo. Ese acuerdo no incluye, por supuesto, la divulgación de las preguntas. Las preguntas son como cartas de póquer: son de quien las lleva y nada más.
La segunda regla se relaciona con la libertad para preguntar e interactuar con el entrevistado. Si hay temas vetados o si el periodista no puede interpelar o dar seguimiento a las respuestas, entonces la entrevista no es una entrevista, sino algo distinto. Más claro ni el agua: sin intercambio de puntos de vista no hay entrevista.
La tercera regla tiene que ver con el control del producto final. Una vez concluida la charla, el entrevistado está on the recordy lo que ha dicho podrá, digamos, ser usado en su contra. Es decir: después de la entrevista, la entrevista es del periodista y del medio para el que trabaja. Ofrecer al entrevistado la posibilidad de editar o de cualquier otro modo modificar el contenido anula, de inmediato, la validez periodística de la entrevista.
En su entrevista con Joaquín Guzmán, Sean Penn faltó a por lo menos dos de esas tres reglas elementales del oficio periodístico. En el primer encuentro entre ambos (no en la entrevista formal, que Joaquín Guzmán pospuso con astucia), Penn no llevaba lápiz y papel y se vio obligado a usar la memoria. Para la entrevista formal, Penn ya no puede visitar a Guzmán y se ve obligado a enviar una lista de preguntas a través de BlackBerry. El Chapo escoge las que quiere responder y cómo las quiere responder. Penn admite que no puede hacer mucho más: “Sin estar presente, no puedo controlar las preguntas ni dar seguimiento a las respuestas”. Para colmo, la revista Rolling Stone admite, en la introducción al texto, haber enviado el texto a Guzmán para su aprobación (“el sujeto no pidió cambio alguno”, dice Rolling Stone de manera risible. ¡Pues claro que no!). El resultado es una entrevista que se da exclusivamente en los términos, los tiempos y, tristemente, los intereses del entrevistado. Una entrevista que no es entrevista.
Otra prueba de fuego para una entrevista es, digamos, el resultado de la pelea entre entrevistado y entrevistador. En el choque entre Penn y El Chapo, en esa pelea amañada, el triunfo corresponde enteramente a Joaquín Guzmán. Sin la posibilidad de hacer una entrevista real, Penn tiene que conformarse con la imposición de una narrativa. Así, El Chaporesulta un hombre de familia, que visita y quiere mucho a su madrecita, que cuida de sus hijos y sueña con disfrutar de sus últimos días en el terruño sinaloense, que se volvió narcotraficante porque de algo tenía que vivir, que no es violento más que para defenderse, que no ha hecho ningún daño a México, que es un narcotraficante como muchos otros, que no se droga y sólo bebe en presencia de una dama, que no recurre a la violencia ni para escaparse, que “no busca problemas. De ninguna manera”. Un hombre caballeroso, que da abrazos de “compadre” y está sonriendo casi todo el tiempo. Un hombre casi amable de no ser por los diez mil asesinatos que se le atribuyen al Cártel de Sinaloa y los millones de vidas destrozadas por el tráfico de droga a 50 países del mundo.
En suma, un acto perfecto de propaganda. Un triunfo más de Joaquín Guzmán.
(Publicado previamente en el periódico El Universal)
lunes, 11 de enero de 2016
Diferencia entre vino espumoso natural y vino gasificado (F: Cocineando.com)
Hay muchos vinos con gas, pero no todos son espumosos. Los vinos gasificados son aquellos a los que se les inyecta el gas carbónico de forma industrial, del mismo modo que se inyecta el gas a un refresco. Son considerados vinos de baja calidad, y su símbolo (presente en la parte inferior del tapón) es un triángulo.
Los vinos espumosos naturalesconsiguen el gas carbónico a través de una segunda fermentación. Entre ellos se encuentran los vinos de aguja, que tienen menos presión del gas que champán, cava, etc. Estos últimos se elaboran a través del método champenoise o tradicional, y su símbolo es una estrella.
Elaboración de vinos espumosos: el método champenoise o tradicional
Ideado por el monje Dom Perignon (1639-1715) e introducido en tierras catalanas para la producción de cava en 1872 por Josep Maria Reventós i Fatjó, en el método champenoisela segunda fermentación se da directamente en la botella con la que el vino espumoso después saldrá al mercado. Como champagne es un nombre protegido por la AOC Champagne, en las etiquetas que no son de champán se indica “método tradicional” para el mismo proceso de elaboración.
Este consiste en añadir al vino de base (que suele ser una mezcla de vinos –coupage– de diferentes variedades de uva), azúcar (entre 20 y 24gr por litro), levaduras y clarificantes para embotellarlo y tapar dichas botellas con una chapa. Se bajan a la cava, donde permanecen tumbadas y a temperatura ambiente para que se dé la segunda fermentación. Durante la misma, que dura dos o tres meses, los azúcares fermentan, aumenta la presión a causa del surgimiento del gas y también aumenta el grado alcohólico. Tras la segunda fermentación, las botellas permanecen en la cava durante el periodo decrianza, en el cual el gas creado se disuelve a la par que el vino espumoso adquiere el aroma.
Luego las botellas pasan de la posición horizontal a la vertical en la fase de removido, en las que se les dan cuartos de vuelta diarios para que los sedimentos se desplacen del fondo al cuello de la botella. Una vez en el cuello, los sedimentos se eliminan, congelándolos para que no vuelvan a mezclarse con el vino (fase de degüello).
Tras ellos, en función del vino espumoso a crear y antes de cerrar la botella con el corcho, la placa y el bozal definitivamente, se introduce un vino con alta concentración de azúcar (vino de expedición), cuya cantidad depende del tipo de cava que se quiera obtener según del dulzor:
-Brut Nature: entre 0 y 3gr de azúcar por litro.-Extra Brut: entre 3 y 6gr de azúcar por litro.-Brut: de 7 a 15gr de azúcar por litro.-Seco: entre 16 y 35gr de azúcar por litro-Semi-seco: entre 36 y 50gr de azúcar por litro.-Dulce: más de 50gr por litro.
Diferencias entre champán y cava
Champán, champaña o champagne y cava se elaboran a partir del método champenoise o tradicional, lo único que el primero sólo se elabora en la región de francesa de Champagne (en la misma Francia existen otros espumosos de calidad llamados crémant), y el segundo en las zonas vitivínicolas de la península que forman parte de la D.O. Cava.
Pero a pesar del mismo método de elaboración, se emplean diferentes tipos de uva para su elaboración. El cava se elabora esencialmente con macabeo, xarel·lo y parellada (ver más detalles de las características del cava aquí), mientras que el champagne se elabora conchardonnay, y las variedades tintas pinot noir y pinot meunier. Generalmente se elabora con las tres, sin embargo, si la etiqueta indica “Blanc de blancs” (blanco de blancos), sólo está elaborada con chardonnay, mientras que si indica “Blanc en noirs” (blanco en negros) es que está elaborada con las dos variedades de pinot.
Otros vinos espumosos de calidad
En Italia son populares el asti spumati, en versiones dulce y seca, y el prosecco, que es un semiseco. Se suelen elaborar con chardonnay y pinot noir, pero, en el caso de estos dos vinos espumosos, la segunda fermentación no se da en botella como en el caso de cava y champagne, sino que se produce en grandes depósitos, para luego filtrar y embotellar (método Charmat o Gran Vas). El símbolo en el tapón de este método de elaboración es el círculo.
En Alemania se elabora el vino espumoso sekt, a base de riesling, müller-thurgau y sylvaner. Y en la República Checa se elabroa el Bohemia sekt.
Politécnico desarrolla empaques inteligentes con bagazo de agave (F: Canal 40)
El científico José Jorge Chanona Pérez, del Instituto Politécnico Nacional (IPN), desarrolla nuevos materiales mediante técnicas de micro y nanotecnología, para el aprovechamiento integral de desechos del agave pulquero.
Como resultado del proyecto, por el que el instituto le entregó recientemente el Premio a la Investigación 2015 en la rama de desarrollo tecnológico, se han generado diferentes productos, destacó un comunicado.
Entre los desarrollos destacan la producción de nanopartículas fabricadas a partir de celulosa de agave, las cuales refuerzan mecánicamente películas biodegradables, así como empaques inteligentes indicadores de la caducidad de alimentos.
Asimismo, biosorbentes de metales pesados y colorantes presentes en aguas contaminadas, materiales de pared para encapsulación de compuestos bioactivos, y papel de alta calidad.
El aprovechamiento del bagazo del agave pulquero fue integral, además de generar papel de alta calidad, transformaron la celulosa en nanopartículas funcionalizadas con un indicador de pH que mejora las propiedades mecánicas de películas biodegradables, lo que posibilita elaborar empaques inteligentes.
El investigador de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas (ENCB) precisó que otras partes de la planta se usaron para encapsular compuestos bioactivos, para absorber metales pesados y colorantes contaminantes.
Al indagar el uso que podría darle a los desechos orgánicos de la industria del pulque, mezcal y tequila, consideró que la producción de papel por métodos tradicionales tiene un importante impacto ambiental debido al uso de compuestos químicos contaminantes.
Por ello, “en lugar de usar sosa y ácido sulfúrico se emplearon disolventes orgánicos completamente biodegradables y lo más importante es que se aprovechan los desechos del agave”.
Otra aportación fue el desarrollo de micro y nanodispositivos dirigidos al monitoreo de reacciones enzimáticas y crecimiento de microorganismos probióticos, útiles al elaborar productos lácteos fermentados y en la biodetección de microorganismos patógenos en alimentos.
Precisó que la aplicación de la micro y nanotecnología, técnicas de microscopía, espectroscopía y de análisis de imágenes, fueron determinantes para desarrollar los productos tecnológicos, en los que participó un grupo multidisciplinario integrado por investigadores, alumnos de posgrado y licenciatura de diferentes unidades del IPN.
Atraé aves a tu jardín (F: Revista Selecciones)

Para lograr que tu jardín resulte aún más atractivo para que los emplumados musicales se acerquen, te damos algunos consejos. Tanto las especies más excéntricas como las más comunes pueden sentirse atraídas si seguís estos secretos:
Mantener el agua limpia y fresca. Disponé un bebedero para aves cerca de los arbustos del jardín. Aquellos modelos de unos cuatro centímetros de profundidad donde el agua puede fluir o gotear atraerán más pájaros. Una vez por semana, limpiá el recipiente con un cepillo de cerdas duras.
Plantar desde los extremos hacia adentro. Cuando elijas plantas, tratá de que las más grandes queden ubicadas en los bordes externos del jardín. De esta manera se crea una barrera que ayudará a este tipo de pájaros a sentirse más protegidos tanto del clima como de los depredadores.
Combinar. Elegí distintas variedades de plantas para cubrir las necesidades de las aves cantoras. Por ejemplo, los árboles espinosos permiten que estos pájaros construyan sus nidos, mientras que los arbustos con bayas les brindan una continua fuente de alimento.
Un poco de desorden. Dejá que se acumule algo de maleza en una de las esquinas del jardín y apilá también allí algunas ramas caídas y algunos recortes y hojas. Esta pila les ofrecerá a las aves protección y material para sus nidos. Además, no te esfuerces tanto por mantener tu jardín inmaculado, a las aves cantoras les resultan más atractivos los espacios de aspecto más natural.
Controlar la ubicación de los comederos. Al instalar un comedero para aves cantoras, tené en cuenta que deben estar ubicados a menos de 100 metros de una ventana. Esto ayudará a proporcionarles protección contra los depredadores.
Hacer una limpieza de primavera. A comienzos de la primavera, limpiá las pajareras antiguas, los nidos y también los comederos. Vacialos por completo y eliminá todas las semillas húmedas de la parte inferior. Con una solución de agua y cloro preparada según una relación de 1 en 10, limpiá el comedero con ayuda de un cepillo de cerdas duras. Dejá secar por completo antes de agregar más alimento.
Mantillos y abono. Usá hojas para cubrir con mantillo arbustos y otras plantas. El mantillo atrae a los insectos que se transforman en alimento para estas aves.
Destinar un área para pasto alto. Elegí una parte del jardín donde dejar crecer bastante el pasto o plantá variedades que crezcan en altura. Esta área atraerá a las aves cantoras, que irán allí a comer semillas y construir sus nidos.
jueves, 7 de enero de 2016
Máquinas de escribir (F: Letras Libres)
1
En los próximos días se cumplirán treinta años de la muerte de Juan Rulfo y los medios dedicarán múltiples textos a su recuerdo y homenaje. Ya la semana pasada, el diario madrileño El País publicó un artículo titulado “La máquina de escribir de Rulfo”. Cuenta que se trata de una Remington Rand Nº 17, conocida como Modelo 17 o KMC, una negra mole de casi 15 kilos de hierro que se fabricó entre 1939 y 1950, y que el escritor compró el 10 de noviembre de 1953. La familia conserva la máquina, así como el mecanuscrito original dePedro Páramo, “el último material escrito a máquina por Rulfo que se conserva”.
El autor de la nota afirma que “colocada sobre la mesilla del sofá, la máquina se ve como un cubo pesado”, y se pregunta “si Rulfo podría haber escrito un libro tan sustancial comoPedro Páramo en una MacBook Air de 1,08 kilos y 11 pulgadas con tecnología WiFi”.
Con otras palabras, este interrogante ya ha sido planteadomuchas otras veces: ¿influye el soporte sobre el que uno escribe en la forma en que uno escribe?
2
Walter Benjamin escribió hace ochenta años que, en la era de la reproductibilidad técnica, la obra de arte perdía su aura. ¿Se podría decir que, en algún sentido, la obra literaria pierde su aura al ser escrita en un soporte tan lábil como un ordenador? Las palabras son tan frágiles en su pantalla… Estas mismas, las de este artículo, pesan, mientras escribo, menos que el aire: podrían borrarse de un plumazo, desvanecerse, convertirse en irrecuperables, en nada.
Sin embargo, una primera paradoja nos enseña que su carácter digital las hace, al mismo tiempo, más resistentes: en apenas segundos, es posible pegarlas en otro lado y hacer múltiples copias, enviadas por e-mail o guardadas en eso que llamamos la nube. Salvo casos muy particulares —en general, descuidos que desembocan en pequeñas tragedias— ya no hay originales perdidos, en nuestros días la esposa de Hemingway no perdería sus cuentos en una maleta, ni el personaje de Kenneth Branagh vería las páginas de su novela esparcidas en el río cerca del final de Celebrity, de Woody Allen.
Pero una segunda paradoja le da otra vuelta de tuerca a esta historia y nos explica que los textos que mejor resisten el paso del tiempo son los impresos en soportes físicos. Recuerdo el pasaje de una novela de Agustín Fernández Mallo: en el futuro, creo que a mediados del siglo XXI, alguien encuentra un mensaje de mucho tiempo atrás, un CD y un pequeño papel que habla de la importancia de la información guardada en el CD. Por desgracia para el personaje, lo único que puede leer es el mensaje en el papel, puesto que ya desde hace muchos años los reproductores para compact discs no existen.
3
La levedad casi insoportable de las palabras escritas en la computadora —sobre todo cuando acaban de ser escritas, antes de presionar Control + G para guardar por enésima vez el documento, cuando recién salieron de la cabeza de su autor para convertirse en píxeles en la pantalla y por primera vez ese autor puede verlas y no solo escucharlas o pensarlas, y entonces es tan fácil que se arrepienta, que crea que en realidad no eran tan bonitas o tan precisas y entonces en realidad tal vez lo mejor sea seleccionar todo y con un botoncito tirarlo a la basura y volver a empezar—, esa ligereza, digo, ¿nos hace más perfeccionistas, más exigentes con nosotros mismos? ¿Borramos, ya que es tan fácil, una y otra vez lo que escribimos hasta dar con el vocablo o la combinación perfecta?
¿Las máquinas de escribir, en las que corregir lo ya escrito era bastante más incómodo, propiciaban dejar “así nomás”, por pura pereza, una frase que estaba bien pero podía estar mejor? Parece difícil, pero quién sabe. Quién sabe cuántas veces afeamos un texto cuando creemos embellecerlo, sin saber que para los demás, y para uno mismo en otro momento, sería mejor esa frase que escribimos y borramos porque no nos gustó y ya que con el teclado es tan sencillo…
No tengo respuestas para esas preguntas. Pero me viene a la mente el consejo de Abelardo Castillo en su libro Ser escritor: “Cuidado con las computadoras. Todo se ve tan prolijo que parece bien escrito”.
4
De las máquinas de escribir, en su momento, imagino que se diría lo mismo. En comparación con muchos manuscritos, los textos mecanografiados se ven tan prolijos que parecen bien escritos.
Supongo que, en realidad, toda nueva era tecnológica sustituye unos paradigmas por otros, y la nostalgia típica de cada cambio genera la sensación de que todo tiempo pasado fue mejor, y que fue mejor gracias a la tecnología utilizada. Rulfo podría haber escrito un libro tan sustancial como Pedro Páramo en una MacBook Air, pero para eso tendría que haber nacido al menos medio siglo después de cuando lo hizo, y en ese caso tal vez ya no necesitara, o no quisiera, escribir esa novela. Quién sabe. Repito que no tengo respuestas sino solo suposiciones, ni más ni menos válidas que las de cualquier otro.
jueves, 10 de diciembre de 2015
Códigos de la lucha llanera (F: Por Daniel Téllez "Letras libres")
La lucha libre en México tiene varios niveles. Las arenas de provincia son el equivalente al futbol llanero en donde desde 1933, año de la aparición de la lucha libre en nuestro país, los luchadores mexicanos se juegan la vida en cuadriláteros que no reúnen las características apropiadas para cumplir con un “brillante desempeño”, como exhortaba el empresario Carlos Maynez a los luchadores, antes de subir al ring del Toreo de Cuatro Caminos, en la década de los años noventa. Estas arenas (como la Afición de Pachuca; el Cortijo en la colonia Romero Rubio, cerca del aeropuerto capitalino; la San Juan Pantitlán; la Azteca Budokan y Arena Neza en Ciudad Nezahualcóyotl, la Apatlaco y el Pavillón Azteca, entre otras itinerantes en Monterrey, Toluca, Orizaba, Puebla o Mérida) no cuentan con lona profesional sobre el encordado y el entarimado del ring se recubre con las lonas empleadas en el transporte de carga . Esta improvisación alcanza también a los promotores, quienes para “calentar lona” programan funciones efímeras por las que desfilan gladiadores famosos, novatos, aficionados, amantes de la lucha libre y enmascarados desconocidos que dejan ver que el espectáculo del pancracio se desarrolla en circunstancias extraordinarias.
Figuras de la baraja luchística nacional como Santo, Blue Demon, el “Indio Grande” Ray Mendoza, El Solitario, Aníbal, Mil Máscaras o El “Murciélago” Velázquez, concluían sus combates, en las arenas de provincia, con la espalda lacerada. Entre gritos e insultos indistintos de adultos y niños, y proyectiles de comida y vasos de cerveza, a las arenas chicas se va a sudar sangre y adrenalina. Los usos y costumbres que imperan entre los aficionados no reconocen el fino arte del llaveo y contrallaveo a ras de lona –la estrategia precisa para quitarse una llave mediante otra que aniquile a la primera. En las arenas llaneras, el código exige vuelos, sillazos, tablazos y el uso de objetos punzocortantes que dan sentido a la conocida frase “queremos ver sangre”. Todavía hoy luchadores activos de la vieja guardia, formados en la lucha grecorromana y olímpica, comparten escenarios con gladiadores que no se dedican a la práctica profesional del pancracio pero que gozan de prestigio dentro de su localidad porque se desempeñan con eficiente nivel luchístico. Estos últimos se hablan de usted con los primeros aunque después de la batalla compartan el pan en la misma mesa.
Los luchadores improvisados solo existen sobre el cuadrilátero y no se sabe de ellos hasta la siguiente ocasión en que son contratados. Sobreviven gracias a que desarrollan múltiples tareas y porque antes de subir al cuadrilátero hacen pactos de acuerdo a la categoría y el sueldo recibido. Quienes participan en las luchas estelares o semifinales reciben el mayor pago. Los de la segunda lucha apenas alcanzan algunos cientos de pesos, mientras que los de las preeliminares no reciben pago alguno, subirse al cuadrilátero es la mejor retribución a su apasionamiento. En el caso de que alguno de estos gladiadores sangre, pierda la cabellera o le sea arrancada la máscara, previo arreglo con los “programadores”, el pago aumenta. En esta lógica luchística, entre escribas y fariseos, el código indica que nadie debe ser lastimado en extremo, aunque siempre hay excepciones.
Es posible encontrar en las arenas chicas adalides de las malas artes, como el inolvidable “Cavernario” Galindo o introvertidos luchadores que a la hora de los costalazos se transforman en infalibles depredadores de sus rivales. O en la tradición de los luchadores viriles, comoel trío “Los Dinamita”, célebre en la última década del siglo pasado (Carmelo Reyes, Máscara Año Dos Mil y Universo 2000), autonombrados como “los verdaderos reyes de la lucha mexicana”. No faltan personajes excedidos de peso, vastos de vientre y también de afecto y de empatía, a la usanza del sensacional Tonina Jackson, Tamba o Súper Porky.
En toda arena de barrio hay un Gardenia Davis, pionero de los “exóticos” en la lucha libre mexicana. El modo de rizar la melena, perfumar la piel, desinfectar al adversario y declarar públicamente la guerra a los microbios y el amor a las orquídeas, además de contar con un ballet en el escenario, puso los ingredientes para un genuino montaje escénico que ensayaron otros exóticos como Adorable Rubí, Pimpinela Escarlata, My Flower´s, Ruddy Reyna, Casandro y, recientemente, Máximo. A ese ensayo del odio en el cuadrilátero, siempre responde a golpes, un tosco macho gladiador. La polémica que encendía el Charro Aguayo para aniquilar el andar de Gardenia Davis, mediante desplantes de hombre hecho un energúmeno, después la hicieron suya Sangre Chicana, Emilio Charles Jr., Satánico, Pierroth, entre otros. Comentario aparte merece la incursión femenina en las arenas llaneras. Es conocida la censura, discriminación y animadversión de los varones luchadores porque, en un tiempo, las mujeres aparecían en el cuadrilátero con exceso de peso e imagen poco femenina. Aunque se tardaron en lograr reconocimiento, las mujeres hoy son legión en las arenas de lucha. Cabe recordar que durante muchos años la lucha femenil estuvo prohibida por disposición del entonces “regente de hierro”, Ernesto P. Uruchurtu, cuando el novelista Luis Spota presidía la Comisión de Box y Lucha del Distrito Federal.
En la memorabilia sobre las arenas llaneras aparecen cargadores, voceadores, locatarios de mercados y boleros, entre los tipos populares que dan vida al mosaico de luchadores improvisados: gordos, enanos, aprendices, damas y “exóticos”. El público se regodea del porte y físico del luchador, villano o héroe, desnudo de ropa, porque pone en entredicho las reglas del honor, como en la vida real, y el espectáculo incorpora al fanático como el director de escena que entre señas indecorosas y oraciones imperativas y malévolas construye un satisfactorio clímax colectivo. Con gran acierto, Salvador Novo se refería a este espectáculo como “las luchas libres”, porque cada función devela luchadores que son actores populares en más de un sentido teatral.
viernes, 24 de abril de 2015
¿Cómo organizar una cata de vinos en casa? (F: Cocinando.com)
Desde el ambiente, la iluminación de la sala, el mantel, las copas… Todo cuenta para organizar una cata de vinos en casa. Y sobre todo, los vinos. ¿Cómo escogerlos? ¿En qué orden debemos catarlos?
¿Cuál es el mejor momento del día para organizar una cata en casa?
Los mejores momentos para organizar una cata en casa son antes de las comidas principales (almuerzo y cena). De este modo, nuestros órganos están más receptivos y limpios de aromas y sabores de comidas anteriores.
Preparación del ambiente para una cata en casa
El espacio debe ser agradable, a unatemperatura entre 18 y 20ºC, para que nos sintamos cómodos y así estemos más receptivos.
Es importante que la sala esté bien iluminadapara poder apreciar las gamas cromáticas de los vinos. Lo ideal sería la luz natural o lo más parecido, pero si no es posible, se recomienda que la luz sea blanca, y nunca de fluorescente, pues este modifica las gamas de colores de los vinos. Con el mismo objetivo de apreciar las variedades cromáticas del vino, es importante disponer sobre la mesa un mantel blanco.
Por otra parte, para apreciar los aromas de los vinos, la estancia debe estar bien ventilada,sin olores externos: tabaco, ambientadores, incienso, perfumes, etc.
Además, es necesario poner panecillos en la mesa, e incluso agua, para poder matar el sabor entre vino y vino a catar. Y de modo opcional, se puede poner un escupidero.
Las copas para la cata de vinos
Además de adecuar la forma de la copa según los vinos que se vayan a catar, lo ideal sería disponer de una copa para cada vino que se vaya a catar, para así poder compararlos mejor y observar su evolución a medida que se oxigenen en la botella.
Es recomendable que el interior de las copas de cata no se lave con jabón para evitar los posibles restos a la hora de probar los vinos. Lo mejor es lavar la parte exterior y la que toca los labios.
A su vez, si las copas tienen algún olor residual (a cartón si han estado guardadas, a humedad, etc.), lo mejor es agitarlas mientras están vacías para tratar que desaparezcan.
Cómo elegir vinos para una cata en casa
Para organizar una cata en casa se podrían partir de unas cuatro botellas de vinos distintos, teniendo en cuenta que con cada botella se pueden llenar entre 6 y 8 copas (a la hora de la cata, llenar implica cubrir un tercio de cada copa). La elección de los vinos dependerá de los gustos de los invitados, pero cabe tener en cuenta que existen dos tipos de catas básicas:
-Cata horizontal, realizada con vinos de una misma denominación de origen y una misma añada, para así poder conocer los vinos de una determinada zona vitivinícola.
-Cata vertical, realizada con vinos de una misma bodega, pero de diferentes añadas, para conocer así la evolución del productor.
El orden de cata de los vinos
La cata se empezará por los vinos más ligeros y suaves, los jóvenes, y se irá progresando según su complejidad (crianza, reserva, gran reserva), a la par que debe seguirse el orden de la añada. Lo recomendable sería no mezclar vinos, de manera que si se hace una cata de vinos tintos, se deja para otra sesión la cata de vinos blancos. Aun así, si se decide mezclar, cabe tener en cuenta:
-Los vinos espumosos como el cava se catan primero, excepto si son espumosos rosados, que se catan después de los blancos.
-Los vinos blancos se catan antes que los vinos rosados y que los vinos tintos.
Placeres en reposo (F: Letras libres)
La búsqueda de aventuras psíquicas y catarsis intensas es un ideal de vida irrenunciable para los jóvenes que no soportan la idea de integrarse al orden social. Todo límite en el alcohol o las drogas les resulta chocante, porque a su edad, la locura y el placer no se contraponen. Como es imposible o suicida mantener ese trote en la madurez, muchos partidarios de la desmesura hemos tenido que “sentar cabeza” por instinto de conservación. El primer descubrimiento amargo de un adulto parrandero es que, a partir de cierta edad, los placeres son excluyentes: no puedo ser buen amante si me emborracho tres veces a la semana, de modo que debo elegir entre el alcohol y el sexo. A partir de entonces, la supervivencia se vuelve una dolorosa cadena de renunciamientos, porque el abandono gradual de los vicios nos obliga a soportar una dosis de realidad cada vez mayor. Algunos experimentan esa enmienda forzada como una claudicación frente “al más humillante de los mitos higiénicos, principal avasallador de nuestra modernidad, el mito de la vejez sana y activa como fin supremo de la vida”, según lo definió Fernando Savater en El contenido de la felicidad. Pero incluso los que aborrecemos ese repugnante mito, debemos optar entre la detestable mesura o una decrepitud anticipada cuando la necesidad de evasión entra en conflicto con la resistencia física.
Savater no ridiculiza en su ensayo el estilo de vida epicúreo sino, más bien, la vulgata epicúrea difundida por los charlatanes que intentan negar el dolor y la muerte, pero quizá valga la pena contraponer sus ideas con los principios de esa filosofía. Compendiada en las Vidas de los filósofos ilustres de Diógenes Laercio, la doctrina de Epicuro es quizá la única defensa filosófica del cuerpo sano que no huele a sermón, y como tampoco limita los placeres carnales, probablemente sea el único ideal de vida que puede oponerse con éxito a la mística de la disipación. Satanizado en vida por algunos de sus contemporáneos, que lo tachaban de pornógrafo y borracho, Epicuro no creía que pudiera existir la felicidad sin placer “pues yo desde luego, no sé cómo imaginar el bien si suprimo los placeres de los sabores, si suprimo los del sexo, los de los sonidos y los de la forma bella”. Santo patrono de los sibaritas, Epicuro mereció también la condena unánime de la moral judeocristiana por haber elevado el placer al rango de las virtudes teologales.
Pero los placeres que Epicuro vindicaba no eran nocivos para la salud, ni para la vida comunitaria. “No es posible vivir placenteramente sin vivir sensata, honesta y justamente, ni vivir sensata, honesta y justamente sin vivir con placer.” Es decir que, para Epicuro, la insatisfacción de los deseos naturales era tan peligrosa como los vicios depredadores. En otras palabras, era un enemigo de la represión sexual y un partidario de “llevársela leve” en materia de euforia inducida, para no cruzar la frontera donde el placer se convierte en dolor. Panegirista de los “placeres en reposo” (la serenidad y el bienestar físico), advirtió que sin ellos nadie puede disfrutar tampoco de los placeres activos, es decir, las arrebatadoras alegrías del cuerpo y el alma. Madurar, según su doctrina, significa renunciar a los placeres superfluos para seguir gozando los esenciales, mantener en buen estado el cuerpo, no porque así lo mande el ser supremo, sino para prolongar nuestra vida pecadora. No pretendo restar validez a la opción, elogiada románticamente por Savater, de “quemarse las entrañas con ácidos, alcoholes y alcaloides buscando la definitiva desmesura”. Pero los que nos quedamos al filo del precipicio, ¿podemos rendirles homenaje a los que saltaron? ¿De verdad envidiamos su suerte desde nuestro cómodo apego a la vida?
El aparente desdén que los jóvenes profesan a la salud, a la luz de mi propia experiencia, es un efecto colateral de su propio vigor desbordado. Cuando el cuerpo está en su apogeo, cuando la fisiología funciona a la perfección, nos sentimos invulnerables y exploramos los laberintos del alma para reafirmar nuestra ilusión de inmortalidad. Bebemos o consumimos drogas para exacerbar una hiperestesia que nos parece ilimitada, no porque tengamos la intención de quemar la vida con rapidez. Todo joven siente, como López Velarde, que el cuerpo es “la nave de los hechizos”, pero el precio de querer prolongar una navegación turbulenta más allá de los treinta o cuarenta años es sacrificar los placeres en reposo, sin los cuales tampoco gozamos los paraísos artificiales. Un joven borracho, mariguano o adicto a las drogas duras puede coquetear con la locura sabiendo que después recuperará la serenidad, pero, a partir de la madurez, el alma ya no vuelve a ese puerto, y por lo tanto la travesía deja de ser grata. ¿Qué tanto podemos asomarnos a la locura sin arruinar el placer que nos proporciona? Epicuro no respondió a esa pregunta, pero nos previno contra el error juvenil de confundir la serenidad con el tedio. Los placeres en reposo son el caldo de cultivo de la ebullición creativa y quizá el reto de la edad madura sea encontrar en ellos la fuente de la embriaguez. ~
jueves, 23 de abril de 2015
La grenetina (Abril 2015) (Soy chef)
Los antiguos egipcios, entre muchas otras cosas, fueron de las primeras culturas en dejar rastro de aprovechar por completo lo que la naturaleza les daba. Un animal, no solamente les proveía alimento con su carne, sino que los investigadores egipcios se dedicaban a explorar cada parte del cuerpo y encontrarle algún provecho alimenticio o para la salud. Hace más de 3500 años, descubrieron que las pieles y los huesos de los animales desprendían cierta sustancia espesa cuando se cocinaba, con esto podían gelificar los líquidos. También existen registros del ejército de Napoleón, quien utilizaba la gelatina para alimentar a sus tropas por su contenido nutricional.
Por definición, la grenetina es un coloide obtenido al hervir los tejidos conectivos de los animales, en su estado puro es incolora, insípida e inodora. Nutricionalmente se han descubierto sus ventajas, ya que está constituida en un 95% de proteína, el 5% restante no es más que agua y es la forma más pura de colágeno; un compuesto imprescindible para el desarrollo de los huesos, cartílagos, cabello, uñas y piel en los humanos.
Para conocer este ingrediente, nos acercamos a Gelita, una empresa alemana que por más de 150 años se ha dedicado a la elaboración de la grenetina, con propósitos tanto alimenticios como cosméticos y es la principal productora de este ingrediente. También, esta empresa es la única que fabrica las láminas de grenetina que los cocineros alguna vez hemos utilizado por su practicidad y facilidad de mesura, en México, esta empresa tiene más de 45 años y son los proveedores de marcas líderes como Jello.
En realidad, la grenetina es colágeno sin hidratar y no era por casualidad que a todos nos alimentaban con gelatinas cuando éramos pequeños, es un alimento por excelencia y pertenece a casi todas las tradiciones culinarias del mundo, es por ello que en la gastronomía se han explorado sus aplicaciones desde tiempos remotos. Gelatinas, brillos, salsas, mousses, terrinas y un sinnúmero de aplicaciones en la cocina salada y en la repostería. El colágeno obtenido de la piel de los animales es también un compuesto básico para la industria farmacéutica y cosmética, y es el ingrediente principal que en Gelita utilizan para fabricar la grenetina en láminas y en polvo.
En esta fábrica utilizan únicamente la piel de la vaca y contrario a lo que muchas personas piensan, no se utilizan los huesos y los cartílagos, de alguna manera se está aprovechando al máximo lo que estos animales ya nos brindaron. Las pieles se analizan dentro de la fabrica para asegurar su calidad y grado alimenticio, posteriormente se cocinan en agua a temperaturas que oscilan entre los 60º y los 80º C, obteniendo en el líquido todo el colágeno. Este líquido es filtrado minuciosamente para separarle de cualquier elemento no deseado y se enfría. Luego, lo desecan a 50º C para después pasarlo por los molinos y convertirlo en polvo. Diariamente, en esta fabrica se empacan alrededor de 20 mil kilogramos de grenetina en polvo, lista para ser enviada a las empresas que la transforman en muchos productos alimenticios y cosméticos.
Pérez-Reverte cuenta la historia de un libro que cambió el mundo (F: Guadalupe Loaeza)
Entre los 250 mil libros que se sostienen de pie uno al lado del otro en la biblioteca académica de la Real Academia Española, la Encyclopédie, ou dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métierspodría pasar inadvertida. Sus veintiocho tomos, forrados en piel ajada y restaurados el año pasado, no llamarían la atención si no fuera por un cartelito escrito a máquina y pegado sobre el estante de madera a la altura del primer volumen. Ruega que no vuelvan a sacarlo de su lugar ni a hojearlo. Que lo dejen en paz.
La culpa la tiene el español Arturo Pérez-Reverte. Su última novela,Hombres buenos -que el viernes presentará en Buenos Aires- recrea una road movie del siglo XVIII en la que dos miembros de la Real Academia Española –los ficticios Hermógenes Molina, el bibliotecario, y el brigadier Pedro Zárate y Queralt- tienen la noble misión de viajar de Madrid a París para traer aquella obra prohibida: los veintiocho tomos de la tan deseada como temida Encyclopédie de Diderot y D’Alambert que despertaba una peligrosa curiosidad fuera de los límites de Francia.
-¿Los libros pueden cambiar el mundo?
-La protagonista de esta novella, que es la Encyclopédie, cambió el mundo. De hecho, después de la Biblia es el libro más importante de la historia de la humanidad. A raíz de este libro el mundo nunca fue igual. Este libro desencadenó una serie de efectos buenos y malos, terribles en unos casos y maravillosos en otros. Europa cambió, Occidente cambió y el mundo cambió.
-¿Para qué le servía a la Real Academia del siglo XVIII contar con su ejemplar de la Enciclopedia?
-La novela cuenta la aventura de buscar el libro para también la de cambiar España. Es la historia de varios hombres buenos que intentan que ese libro cambie España y lo español: porque en ese momento también Argentina, Uruguay, México eran España. La aventura de conseguir ese libro es lo que motiva la novela. Un hecho real, porque la Real Academia trajo su Enciclopedia, prohibida entonces, para hacer un diccionario mejor, más culto, documentado y más eficaz.
En casi seiscientas páginas, Pérez-Reverte enhebra personajes reales e inventados en diálogos y situaciones de ficción para recrear la travesía y develar, en la voz de un narrador imaginado que por momentos se confunde con el Pérez-Reverte real, cómo escribió la novela. O la novela de cómo escribió la novela.
-Es la primera vez que confiesa cómo ha escrito un libro.
-No le he dicho nunca, es cierto. Ha sido la primera vez y quizá sea la última. No lo sé. Ha sido una mera herramienta narrativa. Una novela es un problema narrativo que un escritor tiene que resolver con eficacia. Mientras estaba escribiendo me di cuenta de que esta historia contada linealmente sólo en el pasado tendría momentos monótonos, muertos y poco útiles para una narración eficaz. Entonces decidí crear una estructura que transcurriese en el presente y en el pasado. Contar cómo había escrito la novela me permitía hacer saltos, elipsis, referencias, guiños. Darle una mayor eficacia a la estructura. Ese doble plano, presente y pasado, en el que transcurre la novela es una forma de contar que elegí para esta historia. No porque yo quisiera decir: “Oye, lector, voy a contarte cómo escribo novelas”. No, no, no. De hechotodo lo que allí cuento es falso. Es otra ficción dentro de la ficción. Es una falsa realidad.
-En determinado momento ese narrador dice que encuentra dificultad en recrear una escena erótica porque no había documentos de la época. ¿Siempre necesita un andamiaje histórico?
-Sí. Primero documento bien todo. Si no conoces bien la materia que tienes entre manos, no la puedes falsear. Nadie puede falsificar un billete de cien pesos si no lo conoce muy bien. Por eso hay que saber cómo son los personajes, cómo hablan, cómo se comportan y, sobre todo, cómo piensan. Y después decirle al lector: “Vas a jugar conmigo. Vas a suspender tu incredulidad por un tiempo. Vas a viajar conmigo a la París de la Revolución. Vas a ir conmigo a los salones, a los cabarets de entonces. Vas a ver a los filósofos en los cafés. Confía en mí”. Tienes que darle todo ese andamiaje para que el lector piense que está viviendo algo real, que de verdad se está moviendo por el mundo que tú le estás contando. Si seduces al lector en este sentido, es tuyo. El problema es cuando no se lo cree y se queda fuera de la historia. El lector de verdad es aquel que vivela novela como si fuera propia.
-¿Es decir que el hecho de que usted sea miembro de la Real Academia es anecdótico?
-Totalmente. La podría haber escrito igual sin ser miembro de la Academia. De hecho, la voz
narrativa que está contando es un académico que no soy yo. Los libros que él dice que ha escrito no son los que he escrito yo. Pongo distancia también para que el lector tenga siempre esa duda. Creo ese territorio ambiguo para que no sepa si es verdad o mentira lo que le estoy contando. Todo son técnicas narrativas. Yo no he inventado nada. Todos los novelistas las han usado, desde Tolstoi y Dostoievski hasta Agatha Christie, Corín Tellado o Claudia Piñeiro. Todos los novelistas tienen sus mecanismos narrativos y éste es el mío. Llevo 29 años escribiendo novelas y no me puedo quejar.
-Así como en el siglo XVIII había libros prohibidos porque se consideraban peligrosos en manos de la gente, ¿cuál sería la mayor amenaza para la Real Academia hoy?
-La mayor amenaza es la incultura. Es sustituir los libros de Borges, de Mujica Lainez, de Bioy Casares, de Carlos de la Púa, los tangos de Piazzolla o de Gardel. La gente los ha dejado, ha dejado de prestarles atención. Ahora todo lo que hacemos es ver la televisión y estar con whatsapp diciendo: “Qué tal, mira, estoy en Cancún con mi novia comiendo una hamburguesa…” Pero estamos perdiendo la cultura, la memoria, lo que nos hace ser mejores, poder dialogar, entendernos. Pues esta novela también habla de eso. De cómo los hombres buenos intentan en cada momento de nuestra historia luchar contra eso. Cuando todo se va al carajo, cuando todo arde y se derrumba, la cultura, los libros no cambian.
-¿Qué valor tiene esa permanencia?
-Sirve para entender. Argentina hoy es un desastre, como lo es España. La Argentina es un poco más desastre que España, quizá sea nuestra herencia. Si uno mira Argentina dice: “¿Cómo ha llegado hasta aquí?” Pero si uno lee, comprende cómo ha llegado hasta aquí. El libro es lo que nos permite entender. No va a cambiar la situación, pero la cultura nos permite saber cómo han ocurrido las cosas. Sin libros, sin el consuelo y el analgésico que es la cultura estamos en manos del caos.
-¿Es por eso que usted suele apelar al pasado en sus novelas?
-Claro. Porque el pasado explica el presente. Sin Rosas no puedes entender a Cristina (Kirchner). Y sin España antes que Rosas y sin los moros antes que España y sin los romanos antes de los moros, no puedes entender a Cristina. Ni a (Mariano) Rajoy. La gente no entiende porque no conoce esa cadena maravillosa. El libro es lo que te permite conectar todas esas cosas. El libro te permite entender a Cristina para votarla o no voltarla pero no votarla porque grite, te sea simpática o porque sea más guapo su ministro tal. La votas o no la votas no porque Cristina diga que tiene a Perón sentado en su hombro sino porque sabes que Cristina es el resultado de una larga historia argentina. Ese es el libro. El que ayuda a comprender. El libro es el antídoto contra el que más grita.
-¿La cultura también era el único antídoto en el siglo XVIII?
-Hay una diferencia importante y es que todavía en aquel siglo XVIII éramos inocentes. Es decir, quien era inculto, no tenía la cultura como mecanismo de salvación, como arma de supervivencia o como herramienta para salir adelante era porque no tenía acceso a ella. La cultura era patrimonio de muy poquitos, por eso los hombres buenos querían que fuese para todos. Pero hoy no tenemos esa excusa. La enciclopedia está, la tenemos. Tenemos internet, periódicos, cine, televisión, tenemos educación gratuita. El hombre moderno que es analfabeto, inculto, que es salvaje, si no tiene a la cultura como mecanismo de convivencia es porque quiere. El que la busca, la encuentra. Ahora somos más culpables de ser malos de lo que éramos hace dos siglos atrás.
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